Cinco poemas de Jim Harrison

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 8:53 p. m.

Otro país

Amo la cruda humedad de los amaneceres con
sus miles de pájaros que pueden ser escuchados
pero la niebla no nos deja ver.

Mi antiguo y extraño cuerpo es un extranjero
que lucha por llegar a otro país.
El llamado de un loco me hace temblar de miedo.
De vuelta en mi cabaña veo un libro
y no estoy del todo seguro qué es.


Queja

Canción, me haces reír:
cuando llegas
tu voz está detrás de los árboles
llamando a otros desde mi voz.

Algo pequeño de mí se mueve hacia ti
pero no logra cargar tu peso:
te entierro en sueños o te sirvo más vino.
Perdido en otras músicas,
me olvido que puedes, incluso, hablar.

Si regresas, llega gritando
¡Elías! ¡Elías! ¡Elías!
Si por sólo esta vez las invocaciones fueran rugidos,
un pilar de luz, yo no te traicionaría.


Hembra muerta

En medio del pálido verdor del algodoncillo,
trébol silvestre,
una cierva ya podrida, enroscada,
como una pelusa,
luego de un invierno tan frío
que los árboles siguen agrietados.
Creo que no pudo seguir el ritmo
de los demás:
ya no había lugar a dónde ir;
su alimento,
hierba congelada y ramitas,
no podían ya aguantar su peso.
Y ahora, desde dos cuencas huesudas,
ella me mira con una
exuberancia casi cruel.

El río

Sí, nos reuniremos en el río,
el hermoso, el hermoso río.
Dicen que corre hacia el trono de Dios.
Ahí es donde Dios creó a los peces.
Donde sea que esté, el trono de Dios es ancho
como el universo. Si eres atento podrás
ver sus bordes en las estrellas. Estamos
en este lado, y cuando llegues al otro no sabemos
qué pasará. Si nada ocurre nunca lo
sabremos. ¿Eso es algo cínico? dije alguna vez.
No. La nada es nada. No nos conmueve, sólo
es nada. Pero quizá seamos arrojados
a la velocidad de la luz por el universo
hasta llegar al trono de Dios. Allí estarán su cabello y su generosidad.
Todas las 5000 aves de la tierra fueron creadas allí.
Las calaveras de los recién nacidos, las garzas y los halcones
están detrás del trono, para que no espanten a las cosas más pequeñas.
Incluso ahora, todos ellos recuerdan su hábitat divino.
¿Podemos reunirnos en el río, el hermoso río?
Cantaremos eso con los negros pájaros que brotan de sus pestañas.

Una variación de Machado

Me preocupo mucho por el sufrimiento
de Machado. Yo tenía un año cuando él cargó
a su madre de España a Francia
en una tormenta. Ella murió y él también,
unos días más tarde, en un hostal cerca de un río seco.
Por cargar a su madre, él dejó un bolso donde
llevaba sus últimos años de poesía.
Viajé muchas veces a Collioure
para buscar el bolso perdido de Machado.
Los franceses le dieron de comer pero no pudieron salvarlo.
No existe un camino certero hacia la muerte:
descubrimos el sendero caminándolo.
Giramos en la esquina de una calle cerrada
y vemos una casa sobre una colina verde
con miles de aves volando en círculo sobre ella.
¿Los poemas están en el sótano de aquella casa de la colina verde?
Los encontraremos si llegamos a recordar lo que es la tierra.





Jim Harrison (Estados Unidos. 1937 - 2016). Novelista y poeta.






Caracas
4 de septiembre
2017
10:50 pm

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