Es fácil

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 12:41 a. m.

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Requiere un mínimo de fuerza de voluntad
el pararse en la mañana e ignorar el dolor de intestinos.
No desayunar, bañarse tarareando la canción con la que despertaste
(a veces una pieza incalculable, otras, un comercial de la infancia,
las más de las veces: algo frío y punzante),
saludar al amigo con quien vives alzando la cabeza, sonriendo porque
la sonrisa brotó de la nada (qué dulces milagros
se ignoran cuando se está demasiado alerta de sí mismo).

Luego caminar hasta el autobús, oler el falso otoño
que nadie disfruta y todos señalan. Querer sentir frío.
Es fácil. Oler el champú de la enfermera que va o viene,
sentir el polvo en la voz de los ancianos, desear,
con todo lo que nos queda de corazón, que alguien
nos mire y nos recuerde, por lo menos, las tres
primeras clases de la universidad. Es fácil.

Caminar una ruta diferente porque eso proponen los felices.
No poder conectar con las aves que combaten al
concreto y la distracción. Ir al café de tu amigo 
e intercambiar unos cuantos de los alfileres de oro que
llevamos en el plexo solar. Perder el tiempo, quizá,
al saber que a tu jefe le importas pero no demasiado. Es fácil,
pero faltan diez minutos y te quemas la mano al cruzar una calle
llena de casonas francesas que nada te significan. 

Saludar al perro que vive al lado del trabajo. Saber que sólo 
con los perros conectas. Es fácil dejar que lama tu mano
roja y temblorosa. Recordarla a ella cuando compraba
galletas de perro y entonces las lianas vuelven a amarrar tu estómago. 
Querer ir al baño, ser vulnerable. Es fácil. Limpiar tu escritorio
y saludar con gusto a esa familia. Entender que familia es una palabra
hermosa y distante, como la tundra o el infierno de los que creen en el infierno. 

No trabajar, no hacer nada. Todo está hecho. Es fácil. Treinta minutos
bastan para que ocho horas le sean significativas a quien pone
dinero en tu tarjeta. Es fácil ahogar la angustia de los números frente
a la pantalla que te anuncia tu dinero. Querer escribir un cuento es fácil, 
incluso escribirlos. No mentir en el proceso, no detenerse cuando
la mano amarilla de la mente entra en las letras para untarlas
con un perfume que a ti no te gusta. Ir al baño. Sentirse solo. Es fácil.

Extrañarla. Extrañarlo. Querer sentir besos en todo el cuerpo. Tener sexo
con alguien y después querer dormir con ese alguien. Es fácil no 
tomar la decisión de regresar a casa. Extrañarlos. Hacer reír a la gente
como una manera de pedirles que se queden. Esperar que ella te informe
que está desocupada y pueden ir a comer hamburguesas y tomar cerveza; es 
fácil mirar a los ojos y afirmar que puedes amarla porque le habla bonito a los perros.
Esperar que él te diga que no se va a morir, que su hígado está de maravilla.
Esperar que tu madre quiera ser feliz. Esperar que tu padre baje de peso
y coma más verduras. Esperar es fácil. Extrañar es fácil. 

No deletrear países, gritar triunfos y luego callarse frente a una estatua o
un árbol prehistórico. Dormir poco y mal, e inflar símbolos. Como ahora,
es fácil: ramen, galletas para perro, dioses nórdicos, algo que te deja pensando.
No contar historias de viajes, sino construir puentes donde el silencio le permita
al otro sentirse bien. Es fácil vernos a nosotros mismos en el pulsar
sedoso del despertar y del querer dormir.

Y no pensar en la muerte como quien piensa en un vaso con agua. No tener
que explicar las nubes tras la ventana de un avión. No cantar sobre el pasado
porque esa cosa vive en nosotros. Sólo recordar, es fácil. Es fácil no explicarle
a la gente que nuestra química cerebral es como una abeja que fastidia
la hora del postre. Es fácil explicar que lo que pasa en nuestro cerebro es enorme,
estúpido, horrible y maravilloso. Tirar vasos de vidrio desde un piso doce y 
abrazar al hermano que nunca tuviste.

Escribir poemas es fácil.




10 de octubre del 2017
12:38 am
Chihuahua, México.

Hoy pensé muchas cosas

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 1:15 a. m.

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Desperté a mediodía sintiéndome mal
porque ayer traté cruelmente a un amigo.
Y luego tuve problemas con mi pasaporte,
graves,
y decidí hacer algo que nunca hago:
no le di importancia.
Fui a comer con ese amigo a KFC
y bromeamos y cantamos y comimos pollo
en la sala de mi nueva casa,
esa donde viviré poco, porque cada vez estoy más cerquita de ti.

Y entonces pensé en que he pasado poco tiempo con mis padres,
pensé que escribo poemas pensando cada vez menos en que sean poemas.
Pensé que quedarme sin pasaporte antes de volver a Venezuela
debe ser algo grave, pero lo ignoré, ignoré todo y
jugué videojuegos con mi otro amigo.
Entonces pensé en Sudamérica, pero no en ti, todavía no en ti.
Fui al café donde trabajó la última mujer de la que creí enamorarme
y volvió luego de estar en Brasil y fui a verla,
tiene el cabello más largo, la piel más tostada y está
un poco más gordita; es hermosa.
Entonces pensé que no me iba a enamorar de ella y mi amigo
dibuja algo mientras toma un café muy frío.
Pensé en que extraño Venezuela, pensé en Sudamérica,
pero pensar en ti en ese momento era algo que no venía al caso.
Tomé tres cafés y sentí náuseas, pero estoy acostumbrado a eso.
Sentí mucho miedo por algo que no existía, pero estoy acostumbrado a eso.
Comencé a pensar en el problema de mi pasaporte, pero lo ignoré de nuevo.

Entonces conversé con una mujer que fue y es hermosa. Dejó de fumar
tabaco y marihuana y ya no bebe y sabe hacer preguntas. Entonces pensé
en el día que la conocí: la embajada de México en España, una comida con
sirvientes españoles atendiendo a una embajadora mexicana con apellido
francés y todos hablaban y ella, esa mujer que fue y es hermosa, me hacía
preguntas. Hacía las preguntas correctas. Y pensé que eso me hizo sentir bien.

Ahora ella está conmigo, en México, y hablamos de poesía. Pensé en
hablar que ahora que creo cada vez menos en la poesía me siento
cada vez más cómodo con ella. Pero preferí hablar de cómo Manuela Carmena
lo está haciendo genial en Madrid y también hablé un poco de lo mucho
que amo a los perros. Y salió natural, porque en ningún momento pensé
en mi pasaporte y no pensé en ti.
No pensé en ti a pesar de haber conocido a esa mujer que fue y es hermosa,
en el mismo país donde me recogiste en la estación de autobuses
usando un abrigo naranja y feo. No pensé que en Caracas estoy a 7360 km de ti
mientras que en Chihuahua estoy mucho más lejos.

Ojalá fuera esa persona que fui hoy, pero todos los días. Ojalá
pensará y escribiera como pensé y escribí hoy, porque incluso al
comenzar a pensar en ti -alguien habló de teatro para ciegos,
y luego mi amigo Enrique me dijo que iría a India, y luego
sentí tu aroma picotear la nada del otoño de esta ciudad rara-
me sentí bien, y estuve tranquilo, y me di ternura.

Entonces fui a un restaurante donde me comí un corte de quinientos pesos,
y esa mujer que fue y es hermosa me preguntó si fui feliz
en España y pensé mucho en ti, porque me amaste sin voluntad,
sin decir sí o no, sin caminar hacia ningún sitio. Me amaste mucho y
comimos juntos y bromeábamos y nos poníamos nerviosos cuando
de pronto queríamos hacer algo raro cuando teníamos sexo. Me amaste
mucho y yo, hace días, le dije a alguien que siempre iba a estar enamorado de ti.
Le dije a alguien "yo podría casarme con ella en cualquier momento", y me dio
gusto decir eso,
porque ya no creo en muchas cosas, como en la poesía o en la posibilidad de que
alguien me ame en la estación de autobuses de Barcelona; ya no creo en
Dios y no creo en que alguien me amará con el desinterés que sólo
sale de una pura y blanca valentía. Pero dije eso, y está bien.

Pero a esa mujer que fue y es hermosa no le dije nada de ti. Entonces quise
correr a mi casa para escribir este poema, que seguramente es el poema más
feo que he escrito en mi vida, pero lo necesito para saber que aún existes
y porque quiero releerlo para pensar en ti, y quizá convencerme que deba ahorrar
dinero e ir a tu país, no sé,
quizá sea una buena idea. Mañana quiero pensar en ti, todo el día,
y si se da la oportunidad
contarle a alguien sobre lo mucho que me amaste y lo mucho que
te amé y contarle a alguien que quizá ahorre dinero
para estar más cerquita de ti.

Probablemente ya no me ames, y tiene sentido. El dejar de amar tiene
tanto sentido como el amar mucho. Pero me gusta pensar en la idea
de que puedo volver a ser importante para ti, ser importante una
tercera vez. Este poema es importante, aunque sea feo y aburrido.
Voy a leértelo en persona, porque sé que te gustan mis poemas.

En eso estoy pensando.



19 de septiembre del 2017
Chihuahua, México.
1:14 am.


A modo de Susan Sontag

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 12:35 a. m.

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Cosas que antes me desagradaban y ahora me gustan: beber agua muy fría, los Smashing Pumpkins, fumar mentolados, Góngora, las personas que hablan mucho, el tomate, dormir solo, los talleres de poesía, las bodas, mentir por diversión, los documentales, comer con mis padres, el té negro con limón, ridiculizar a los mezquinos, dormir mucho, ahorrar dinero, abrazar a mis amigos, llorar borracho, el entorno Macintosh, la voz de Rivers Cuomo, el jengibre, cargar una libreta, usar tarjetas bancarias, coquetear, desayunar, las mujeres con granitos y espinillas, reventar granitos y espinillas, guardar secretos, hablar de pokemon con mis sobrinos, hablar con mis sobrinos sobre cómo era yo cuando era niño, beber cerveza con mis hermanos, escribir cuentos, la universidad, beber solo, parejas que se besan en público, las imágenes religiosas, estar desnudo, los jugos naturales, el flamenco, usar lentes oscuros, jugar League of Legends, escuchar entrevistas de políticos, ver reseñas de laptops y celulares, dejar que me acaricien.

Cosas que me gustaban y ahora me desagradan: León Felipe, la cerveza chocolate stout, Scarface, ocultar cuando alguien me cae mal, el color marrón, Twin Peaks, los viajes largos en autobús, el refresco de uva, nadar en piscinas, el olor de la marihuana, curar la resaca con Gatorade, Thomas Pynchon, la gente obsesionada con la ortografía, la gente que cuida demasiado lo que come, la gente que habla poco, los tragos preparados a base de café, dormir en casas ajenas, encontrarme a un desconocido azarosamente y conversar, el sexo meticulosamente planeado, emborracharme en aviones, los perfumes de hombre, la gente demasiado atenta a la "escena nacional de literatura joven", la gente demasiado desatenta de "la escena nacional de literatura joven", el Lucky Strike, el pan de caja, ver videos de conspiraciones masónicas, Nick Cave, dormir siestas, comer papel, estar demasiado alerta de lo que ocurre en mi cuerpo, escribir sólo por escribir, leer sólo por leer, hablar mal de las mujeres que hirieron los sentimientos de algún ser querido, encontrar en el enojo placer o voluntad.

Cosas que siempre me van a gustar: el olor de la vainilla, el Black Metal, Kentucky Fried Chicken, los lugares comunes, la fuente "Lato" y la fuente "Muli", ver el mundial de futbol, mi exnovia María José, el invierno, hacer listas de cualquier cosa, bañarme, los poetas polacos, cocinar, leer cartas ajenas, bajarle el volumen a lo que sea que haya en la tele y yo hacer las voces, el emoji del perrito y el emoji de "estar pensando", Venezuela, jugar videojuegos con mis roomies, conversar con mi amigo Juan Fernández, comer con mi amiga Luna, hablar de poesía con mi amigo Mohsen, los grillos, vivir en Venezuela con mi amigo Jonathan, que Mario sea mi amigo desde que tenemos siete años, la Coca Cola con mucho hielo y limón, The Cure, la poesía de Iván Ortega-López, la poesía de Denisse Levertov, la poesía de Bertha María, comprar ropa, los republicanos españoles, cortarme las uñas, la poesía, ver a una mujer que quiero roncar mientras duerme, los truenos, el "Carrie & Lowell" de Sufjan Stevens, el "The Bedlam in Goliath" de The Mars Volta, el "Songs of love and hate" de Leonard Cohen, Nina Simone cantando "I put a spell on you", el "Vespertine" de Björk, mi papá tocando la guitarra, mi hermana riendo, mi hermano cocinando, mi madre escuchando algo con atención, cantar openings de anime, decirle a alguien que me gustó justo en el momento en que lo siento, emborracharme con mi amigo Raúl Aníbal, jugar con los pezones, bailar en MDMA, Master of None, Pinochio, Super Bad, Digimon 1 y 2, Chihuahua.

Cosas que nunca me van a gustar: la calabaza, Janis Joplin, el golf, la gente que le gusta presumir que no se baña, la gente que grita, las arañas, los estudiantes de universidad que todo lo hablan en la terminología de lo que están estudiando, los militares, sentirme solo, la falsa comida mexicana, la cocina fusión, las versiones en jazz o bossa nova de los éxitos de los 70's 80's y 90's y 2000's, ser cruel sólo por serlo, la gente que interrumpe cuando alguien más está hablando, las rastas, los Foo Fighters, sudar, la masculinidad tóxica, el Shoegaze, Wes Anderson, la lluvia con sol, la gente que hace ruido cuando come, las mafias literarias, los escritores que culpan de todo a las mafias literarias, llegar tarde, los escritores que llevan tarjetas de presentación, jugar beer pong, el anis, la gente que trata mal a los meseros, la gente que no sabe lo que quiere, desanudar cables, mi mala costumbre de hurgarme los oídos con cualquier cosa, mi mala costumbre de dejar todo para el último momento, mi mala costumbre de enamorarme de mujeres que tienen novio, mi mala costumbre de ser demasiado tolerante con la gente que me aburre, la ronda de comentarios en las presentaciones de libros, el sonido del gis en el pizarrón, la gente que se amarga en la época de navidad, saber que todo termina, los mormones, la papaya, el vallenato.



13 de septiembre del 2017
Caracas, Venezuela
2:35 am.

Cinco poemas de Jim Harrison

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 8:53 p. m.

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Otro país

Amo la cruda humedad de los amaneceres con
sus miles de pájaros que pueden ser escuchados
pero la niebla no nos deja ver.

Mi antiguo y extraño cuerpo es un extranjero
que lucha por llegar a otro país.
El llamado de un loco me hace temblar de miedo.
De vuelta en mi cabaña veo un libro
y no estoy del todo seguro qué es.


Queja

Canción, me haces reír:
cuando llegas
tu voz está detrás de los árboles
llamando a otros desde mi voz.

Algo pequeño de mí se mueve hacia ti
pero no logra cargar tu peso:
te entierro en sueños o te sirvo más vino.
Perdido en otras músicas,
me olvido que puedes, incluso, hablar.

Si regresas, llega gritando
¡Elías! ¡Elías! ¡Elías!
Si por sólo esta vez las invocaciones fueran rugidos,
un pilar de luz, yo no te traicionaría.


Hembra muerta

En medio del pálido verdor del algodoncillo,
trébol silvestre,
una cierva ya podrida, enroscada,
como una pelusa,
luego de un invierno tan frío
que los árboles siguen agrietados.
Creo que no pudo seguir el ritmo
de los demás:
ya no había lugar a dónde ir;
su alimento,
hierba congelada y ramitas,
no podían ya aguantar su peso.
Y ahora, desde dos cuencas huesudas,
ella me mira con una
exuberancia casi cruel.

El río

Sí, nos reuniremos en el río,
el hermoso, el hermoso río.
Dicen que corre hacia el trono de Dios.
Ahí es donde Dios creó a los peces.
Donde sea que esté, el trono de Dios es ancho
como el universo. Si eres atento podrás
ver sus bordes en las estrellas. Estamos
en este lado, y cuando llegues al otro no sabemos
qué pasará. Si nada ocurre nunca lo
sabremos. ¿Eso es algo cínico? dije alguna vez.
No. La nada es nada. No nos conmueve, sólo
es nada. Pero quizá seamos arrojados
a la velocidad de la luz por el universo
hasta llegar al trono de Dios. Allí estarán su cabello y su generosidad.
Todas las 5000 aves de la tierra fueron creadas allí.
Las calaveras de los recién nacidos, las garzas y los halcones
están detrás del trono, para que no espanten a las cosas más pequeñas.
Incluso ahora, todos ellos recuerdan su hábitat divino.
¿Podemos reunirnos en el río, el hermoso río?
Cantaremos eso con los negros pájaros que brotan de sus pestañas.

Una variación de Machado

Me preocupo mucho por el sufrimiento
de Machado. Yo tenía un año cuando él cargó
a su madre de España a Francia
en una tormenta. Ella murió y él también,
unos días más tarde, en un hostal cerca de un río seco.
Por cargar a su madre, él dejó un bolso donde
llevaba sus últimos años de poesía.
Viajé muchas veces a Collioure
para buscar el bolso perdido de Machado.
Los franceses le dieron de comer pero no pudieron salvarlo.
No existe un camino certero hacia la muerte:
descubrimos el sendero caminándolo.
Giramos en la esquina de una calle cerrada
y vemos una casa sobre una colina verde
con miles de aves volando en círculo sobre ella.
¿Los poemas están en el sótano de aquella casa de la colina verde?
Los encontraremos si llegamos a recordar lo que es la tierra.





Jim Harrison (Estados Unidos. 1937 - 2016). Novelista y poeta.






Caracas
4 de septiembre
2017
10:50 pm

El paraíso, el espacio exterior II

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 5:30 a. m.

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Hace cuatro años comencé un ejercicio basado en un hermoso poema de Mariano Blatt. Cuatro años después siento que puedo continuarlo. Para leer la primera parte da click aquí.
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El paraíso, el espacio exterior.
Poder ver los ojos de alguien que amas
cuando ese alguien no entiende tus secretos.
Una mesa llena de comida
y risas yendo de un lugar a otro,
sin sentido,
el paraíso, el espacio exterior.

Mi madre sonriendo aún medio dormida.
Videos de perritos haciendo cosas que dan risa,
el mar cuando amanece;
el paraíso, el espacio exterior.
Ir con paz a un lugar que no me conoce.
La música que va más allá de lo que odiamos o
soñamos. El paraíso, el espacio exterior.

Las biblias en los burós de hoteles.
Hermosos adolescentes haciendo cosas increíbles
sobre una patineta. Un día nublado que parece
jamás terminar. El paraíso, el espacio exterior.
Un taxi que llega ya muy entrada la noche.
Morder con hambre un pliegue de carne: el paraíso,
el espacio exterior.

Niños que por ser niños parecen estar borrachos;
estar borracho y entender que hasta las ilusiones
son hermosas. Un vaso púrpura lleno de ron.
El tiempo libre. El paraíso,
el espacio exterior. Un violín degollando el amanecer.
La mujer que amaste, desnuda, mirando por la ventana,
porque se escucharon gritos.

El paraíso, el espacio exterior. Una coma vocativa
puesta en el lugar preciso. El fuego. La cama tendida.
Una mujer hawaiana besando a un flaco hombre irlandés. Correr
para no pagar la cuenta. El gemido de los animales del diablo. El paraíso,
el espacio exterior. Llorar porque lo necesitas y
entender que, si lloras, es porque mil millones de uñas
se están clavando en tu sombra.

La luz verde del celular cuando te llega un mensaje. La
insignificancia del placer. La importancia de estar drogado.
Una foto del hijo de tu mejor amiga que ignora ser
tu mejor amiga, el paraíso,
el espacio exterior. Entender que la metáfora es el dragón
de siete cabezas que siempre temiste ver sobre el horizonte
de la ciudad donde conociste el miedo.

El paraíso, el espacio exterior. Querer morir. Querer
casarte. Una lesbiana que es DJ en un bar. El paraíso,
el espacio exterior. Querer dormir seis años seguidos, querer dormir.
El paraíso, el espacio exterior. Querer ser padre y luego
mirar tus brazos y luego mirar a tu padre y sonreír, porque
entiendes que el mundo está descompuesto. El paraíso,
el espacio exterior. Una foto del padre de tu amigo tocando la guitarra.

Querer escribir un poema de diez estrofas sólo
porque sí. Sólo porque sí gastar mucho dinero, desayunar
ostiones. Desayunar nada. El paraíso, el espacio exterior.
No querer dormir para que el hielo no se derrita. Burlarse
de los que han dicho que el fuego es la analogía perfecta.
La televisión encendida sólo para que haya ruido en
tu vida, el paraíso, el espacio exterior.

Sentir asco por las cosas que lo merecen. Ver cómo un
exadicto come en el mejor restaurante del mundo. La palabra
milagro. El paraíso, el espacio exterior. Esperar con soberbia
el dulce devenir del arrepentimiento. Comprender que si te aman
es porque algo de ternura cubre algo que significas. El invierno
que detiene todo para que lo observas. Respirar
y sentir dolor en algún sitio inexplicable. El paraíso, el espacio exterior.

Saber que puedes morir cada que te subes a un avión. Saber
que puedes amar como si amar fuera recibir un escopetazo
en el rostro. Tu madre cocinando. Los gatos. El verde de la menta.
El paraíso, el espacio exterior. La sabiduría de los que guardan silencio.
Llorar por algo que no significa nada para ti. Ese momento hermoso que
guardaste dentro de un cofre cuya llave no podrás desenterrar de tu espalda.
El paraíso, el espacio exterior.



Caracas
12 de agosto del 2017