El paraíso, el espacio exterior II

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 5:30 a. m.

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Hace cuatro años comencé un ejercicio basado en un hermoso poema de Mariano Blatt. Cuatro años después siento que puedo continuarlo. Para leer la primera parte da click aquí.
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El paraíso, el espacio exterior.
Poder ver los ojos de alguien que amas
cuando ese alguien no entiende tus secretos.
Una mesa llena de comida
y risas yendo de un lugar a otro,
sin sentido,
el paraíso, el espacio exterior.

Mi madre sonriendo aún medio dormida.
Videos de perritos haciendo cosas que dan risa,
el mar cuando amanece;
el paraíso, el espacio exterior.
Ir con paz a un lugar que no me conoce.
La música que va más allá de lo que odiamos o
soñamos. El paraíso, el espacio exterior.

Las biblias en los burós de hoteles.
Hermosos adolescentes haciendo cosas increíbles
sobre una patineta. Un día nublado que parece
jamás terminar. El paraíso, el espacio exterior.
Un taxi que llega ya muy entrada la noche.
Morder con hambre un pliegue de carne: el paraíso,
el espacio exterior.

Niños que por ser niños parecen estar borrachos;
estar borracho y entender que hasta las ilusiones
son hermosas. Un vaso púrpura lleno de ron.
El tiempo libre. El paraíso,
el espacio exterior. Un violín degollando el amanecer.
La mujer que amaste, desnuda, mirando por la ventana,
porque se escucharon gritos.

El paraíso, el espacio exterior. Una coma vocativa
puesta en el lugar preciso. El fuego. La cama tendida.
Una mujer hawaiana besando a un flaco hombre irlandés. Correr
para no pagar la cuenta. El gemido de los animales del diablo. El paraíso,
el espacio exterior. Llorar porque lo necesitas y
entender que, si lloras, es porque mil millones de uñas
se están clavando en tu sombra.

La luz verde del celular cuando te llega un mensaje. La
insignificancia del placer. La importancia de estar drogado.
Una foto del hijo de tu mejor amiga que ignora ser
tu mejor amiga, el paraíso,
el espacio exterior. Entender que la metáfora es el dragón
de siete cabezas que siempre temiste ver sobre el horizonte
de la ciudad donde conociste el miedo.

El paraíso, el espacio exterior. Querer morir. Querer
casarte. Una lesbiana que es DJ en un bar. El paraíso,
el espacio exterior. Querer dormir seis años seguidos, querer dormir.
El paraíso, el espacio exterior. Querer ser padre y luego
mirar tus brazos y luego mirar a tu padre y sonreír, porque
entiendes que el mundo está descompuesto. El paraíso,
el espacio exterior. Una foto del padre de tu amigo tocando la guitarra.

Querer escribir un poema de diez estrofas sólo
porque sí. Sólo porque sí gastar mucho dinero, desayunar
ostiones. Desayunar nada. El paraíso, el espacio exterior.
No querer dormir para que el hielo no se derrita. Burlarse
de los que han dicho que el fuego es la analogía perfecta.
La televisión encendida sólo para que haya ruido en
tu vida, el paraíso, el espacio exterior.

Sentir asco por las cosas que lo merecen. Ver cómo un
exadicto come en el mejor restaurante del mundo. La palabra
milagro. El paraíso, el espacio exterior. Esperar con soberbia
el dulce devenir del arrepentimiento. Comprender que si te aman
es porque algo de ternura cubre algo que significas. El invierno
que detiene todo para que lo observas. Respirar
y sentir dolor en algún sitio inexplicable. El paraíso, el espacio exterior.

Saber que puedes morir cada que te subes a un avión. Saber
que puedes amar como si amar fuera recibir un escopetazo
en el rostro. Tu madre cocinando. Los gatos. El verde de la menta.
El paraíso, el espacio exterior. La sabiduría de los que guardan silencio.
Llorar por algo que no significa nada para ti. Ese momento hermoso que
guardaste dentro de un cofre cuya llave no podrás desenterrar de tu espalda.
El paraíso, el espacio exterior.



Caracas
12 de agosto del 2017

Ryuichi Sakamoto

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 4:11 a. m.

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Todo se pone cada vez más azul.
El ruido de las cosas que entiendo
va desenterrándose de aquella hermosa arena negra.
Nadie abrirá la puerta,
ningún ángel con voz de trueno
abrirá la ventana para decir mi nombre
en un idioma extraño;
el amor no perfumará la alfombra
donde sentado miro mis pies desnudos.
Nadie llamará por teléfono
para hacer las preguntas correctas.

Mientras tanto, todo se pone cada vez más azul,
y un disonante acorde sigue haciendo vibrar mi vaso
cada vez más cerca de la orilla de la mesa.

Todos estos colores guardan un secreto
que no vale la pena revelar.

No lo sé,
pero me importa.

Más allá de las gran oscuridad,
existen grillos y mujeres que lloran;
gente con hambre que aún así hace bromas
y niños con miedo que se masturban.
¿Por qué no los quiero ver?
¿Por qué es más fuerte el silencio de un amanecer
que siempre cantará la misma canción?

Las luces comienzan a encenderse.
No tengo sueño,
no tengo sueños.
Sonrío porque la belleza me aplasta,
y quizá en el fondo
soy un grillo que se emociona
con la música sin sentido
de la gente que encuentra la belleza en el hambre.

Quizá en el fondo
(porque todo tiene un límite,
me dijo el hermano que nunca tuve,
luego de que pasara tres días sin dormir)
la estúpida poesía
sea sólo un niño que se masturba y llora
mientras la ciudad abandona ese azul que significa algo
que a todo este miedo no le
importa.





Caracas
12 de agosto del 2017

Miedo a las canciones tristes

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 10:12 p. m.

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Para Juan Fernández Rivero



Durante un tiempo evité escuchar música que hablara de cosas que causaran dolor.
Sé inglés y puedo entender la tristeza de los que viven más al norte.
Una guitarra por sí sola puede destruir naciones,
una voz que apenas canta llega a descomponerlo todo.

Pero cuando la canción termina
el sol continua su inevitable camino hacia la noche
         [la noche es el amanecer de mis amigos
          que viven más allá de mi tiempo y mi tristeza].
Cuando la canción que sigue entierra a la anterior,
la ruta de autobuses sigue el protocolo de horarios y
mis padres duermen aún en camas separadas.

He vuelto a escuchar canciones tristes.
Nada cambió salvo el hecho de darme cuenta que
ahora son más canciones las que debo esquivar
si es que no quiero verme acostado en el suelo
con una almohada bajo el coxis
mirando el techo sin parpadear.

La gente no debería pasar mucho tiempo acostada en el suelo
con la mirada absorta en las manchas que deja el humo de tabaco en el techo.

¿A esto se refieren esos que buscan la felicidad con
lo de “encontrar el silencio”?
No sé si quiero ser feliz. Definitivamente no quiero
que mis padres duerman en la misma cama;
pronto tendré un auto y dejaré de tomar el autobús.
Me gusta el silencio de mi casa cuando mi amigo cocina con su novia,
cuando mi otro amigo duerme,
cuando mi otro amigo toma un baño.

Quiero volver a escuchar canciones tristes y saber que el sol
viaja hacia mis otros amigos
para reanudar la hermosa disciplina de los condenados.


Brazos feos

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 1:25 a. m.

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Quiero que me veas.
Estos brazos feos que picaron todos los soles que miré fijamente
ya no cargan el peso de un perro que jadea,
un perro que conoces y que desde tu boca diste de comer.
No quiero que me observes,
la atención ahoga todo lo que es importante;
a mi alrededor flotan nombres e insultos
que nunca terminaron de hincharse con odio.
Quiero que me veas para que también te sea posible
afilar mis brazos: débiles como una excusa
pero brillantes como el filo de una pregunta. Roba todo
lo que alguna vez necesitamos,
porque estos brazos feos con manchas y espinillas
jamás levantarán cajas con peces muertos.

Deletrea en tu mente
en secreto
el nombre de nuestros hijos
mientras lames esa foto de mis brazos feos,
sentiré cómo esos nombres se vuelven hacia mí
porque las letras que los construyen son de hierro y mis brazos,
imantados por el tiempo, los jalan, y entonces mi torso
es un árbol que nunca tendrá nombre, nunca va a existir.

Una nube de abejas regresa al panal de mi cerebro.
En algún tiempo toda esa miel que escurre,
caía sobre tu torso.
Quiero que me veas balanceando esta nueva jaula.
Yo puedo verte en las mañanas al arrancar el papel
que todas las noches me brota por la carne de mis brazos feos.
Caen los pedacitos sobre el desayuno y se forma tu cara y
dejo de comer
porque no quiero que veas la manera en la que puedo convertirme
en todo eso que intuías
cuando la miel se te metía por el ombligo.

Ojalá puedas arrancarme los brazos
cuando nos volvamos a encontrar.
Quizá del agujero que quede
salga una fuente de miel.
Con mis brazos feos haz lo que quieras.
No son míos ni de nadie.

Y cuando el imán funcione otra vez
por favor
abrázame.



17 02 22




Tres poemas de Brian Patten

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 7:07 p. m.

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La inocencia de cualquier carne que duerme

Duermo a tu lado y sueño
que despierto a tu lado;
despierto a tu lado
y pienso que soñaba.

¿Alguna vez dormiste a lado del océano?
Pues sí,
es como eso.

Todo el movimiento de paisajes, de océanos,
está en ella.
Ella es
la inocencia de cualquier carne que duerme,
tan vulnerable
que no necesita que la protejan.

En tales momentos
el corazón se abre,
guarda en él todo lo que existe,
no hay más que ella.

¿En qué país está?
No lo sé.
Pero sé – porque hay un amor
que ensucia a todos los demonios –
que ella está bien.
Puedo girarme,
dormir bien a su lado.

Sueño que despierto a lado de ella.
Cuando sueño tales despertares
soy todos los sentidos del amor que se despiertan.


Canción de la fiesta

Él dijo:

"Quedémonos aquí
ahora que el lugar se vació
y hagamos dulce pornografía el uno con el otro
mientras los de la fiesta se van
y el amanecer se asoma
como un desconocido.

No dudemos
por las cosas que sabemos
o por lo frío que se ha puesto el lugar.
Descolguemos la mente
y liberemos
a este loco y mutilado amor cocodrilo".

Y entonces lo hicieron,
están entre la madreselva y latas de Guinness,
y más tarde él se subió a un autobús y ella a un tren
y todo lo que hubo entre ellos
fue la lluvia.

Ministro de educación

Cuando era niño hice un examen.
Eran preguntes muy simples.
No había manera de fallarlo.

P1. Describe el sabor de la Luna.

Sabe a la creación, escribí,
tiene el sabor del polvo estelar.

P2. ¿De qué color es el amor?

El amor es del color del agua que el hombre
perdido en el desierto encontró, escribí.

P3. ¿Por qué se derriten los copos de nieve?

Escribí, se derriten porque caen
sobre la tibia lengua de Dios.

Y había otras preguntas
y eran preguntas simples.

Describí el dolor de Adán
cuando fue expulsado del Edén.
Escribí el peso exacto
del sueño de un elefante.

Incluso hoy, luego de muchos años,
para sobrevivir barro calles
o limpio los baños de los grandes
hoteles.

¿Por qué? porque constantemente
reprobaba mis exámenes.
¿Por qué? Pues bueno, déjame hacer dos preguntas.

P1. ¿Qué tan grande es la imaginación
de un niño?
P2. ¿Qué tan aburrida es la mente
del Ministro de Educación?





               Brian Patten (Liverpool 1946)