Estás muy cerca

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 12:16 a. m.

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Tu nueva dirección está donde mis ojos apuntan.
Allí, tu hogar, se enraiza entre luciérnagas y espuma de mar.
Ceno temblando de frío; al mundo le sobra hambre y
a mí me faltan pulmones para respirar tu historia.
Los insectos que viven en el musgo de mis palabras
dicen tu nombre, y lo repiten cuando la visita quiere quedarse;
cuando el agua de la regadera me obliga a sentarme en el suelo;
lo gritan cuando amanece y el hombre de la basura sonríe
mirando por mi ventana.

Dios quiere existir; me lo escribe en la libreta que tengo en mi buró.
No sé estar solo: mis padres derramaron miel en mi cabeza el día
que cumpliste cuatro años. No lo sabían, lloraron tanto. Yo vi la nuca
de Dios doblarse hacia el frente cuando a los ocho años alguien te dijo
que el cielo es un espacio en blanco donde sólo puedes escuchar la risa
de tu abuela. Eras fuerte y de vidrio, una niña con el alma llena de duraznos.
En tu nueva casa me escuchas cantar cuando llego hinchado de esperanza.

Hace unos meses escribí sobre tu muerte en el asiento de un avión. Siempre
espero lo peor de las personas y eso me ha hecho cambiar mi ropa por
pieles de gente que en verdad está muerta. Era un poema que luego puse
en el congelador para ver si se convertía en un chocolate, pero no: estaba
tan dormido por el calor de mis hermanos. Estaba borracho y era predecible.
Quise comer al despertar, y tú te parabas de puntitas porque tanta basura,
tantas palmeras, tanta gente alta y engañosa no te dejan ver, no a mí
¿qué vas a ver de mí? la forma lenta en que como un strudel es porque
siempre me duele el estómago, esto ya lo sabes. No puedo comer.

A los 12 años escuchaste los gritos de mi padre pero tus hermanos
te convencieron de que era el sonido de una guerra, una que no es
y nunca será tuya. Después de eso poco sé, ya son figuraciones.
Pero ahora tu cabaña es mi plexo solar; cada que veas un pájaro,
no importa el color, recuerda que puedes matarlo y comerlo. Cada que
veas agua, úntala en tus cicatrices más bellas. Tu hogar está muy cerca del mío.
El humo de mi chimenea puede ser algo hermoso.




12:14 am
Chihuahua, México.

Tres poemas de Ocean Vuong

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 12:55 a. m.

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Algún día amaré a Ocean Vuong

Ocean, no temas.
El fin del camino es tan lejano
que ya está detrás nuestro.
No te preocupes. Tu padre sólo es tu padre
hasta que algo de ti lo olvide. Así como la espalda
olvida que alguna vez tuvo alas
sin importar cuantas veces nuestras rodillas
besaron el pavimento. ¿Estás
escuchando, Ocean? La parte más hermosa
de tu cuerpo es donde sea
que la sombra de tu madre caiga.
Aquí está el hogar de la infancia,
cercenada hasta ser un simple alambre rojo.
No te preocupes. Sólo llama al horizonte 
y nunca lo alcanzarás.
Aquí está el presente. Salta. Te juro
que no es un bote salvavidas. Aquí está el hombre
cuyos brazos son lo suficientemente grandes
como para detener tu partida. Y he aquí el momento,
justo después de que las luces se apaguen, cuando aún puedes ver
la débil antorcha que yace en su entrepierna.
La forma en que la usas una y otra vez
para encontrar tus propias manos.
Pediste una segunda oportunidad
y se te dio una boca para ser vaciada.
No tengas miedo, el tiroteo
no es otra cosa que el sonido de la gente
intentando vivir un poquito más. Ocean. Ocean,
levántate. La parte más hermosa de tu cuerpo
es aquella a donde se dirige. Y recuerda,
la soledad sigue siendo un rato que vives
con el mundo. Aquí está
la habitación que todos habitan.
Tus amigos muertos te
atraviesan como cuando el viento
hace sonar a las campanas. Aquí está la mesa
con la pata floja y un ladrillo
para enderezarla. Sí, aquí está una habitación
tan cálida y tan pequeña,
y te juro, despertarás:
creerás que estas paredes
son piel.



Sin título (azul, verde y marrón): óleo sobre tela. Mark Rothko: 1952

En la tele dijeron que los aviones se estrellaron en los edificios
y yo dije  cuando pediste que me quedara.
Tal vez rezamos de rodillas porque El Señor
sólo escucha cuando se está así de cerca
del demonio. Quiero decirte tantas cosas:
mi premio más grande fue el caminar
por el puente de Brooklyn y no pensar
en los aviones. Vivimos como el agua: tocando
una lengua nueva sin decir
todo lo que hemos pasado. Ellos dicen que el cielo es azul
pero yo sé que es negro cuando lo miras entre mucho aire.
Siempre recordarás lo que hacías
cuando duela mucho. Quiero decirte tantas cosas
pero sólo me he ganado una vida, y ya no tengo nada. Nada. Sólo
un par de dientes. La tele sigue diciendo los aviones...
los aviones... y yo sigo esperando en esta habitación
hecha de pájaros muertos. Sus alas vibran entre
los muros borrosos. Sólo tú estabas ahí.
Tú eras la ventana.



DetoNación

Hay un chiste que termina con un: ¿qué?
Es la bomba que dice aquí está tu padre.

He aquí tu padre
dentro de tus pulmones. Mira qué liviana

es la tierra después de todo.
Incluso luego de escribir la palabra padre

se siente como esculpir un fragmento del día
en una página iluminada por la explosión.

Hay demasiada luz como para ahogarse
pero no la suficiente como para que entre a los huesos

y permanezca. No te quedes aquí, mi niño
roto por el nombre de las flores. No sufras

más. Así que corrí hacia la noche.
La noche: mi sombra extendiéndose

hacia mi padre.












Ocean Vuong (Ciudad Ho Chi Minh, Vietnam. 1988). Es un poeta y ensayista nacionalizado estadounidense. Es autor de los libros "Burnings" (Sibling Rivalry Press 2010), "No" (YesYes Books 2013) y "Night sky with exit wounds" (Copper Canyon Press 2016).

Cataluña

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 4:45 a. m.

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Llegamos a una fiesta donde yo tenía otras expectativas.

Mi madre acaba de conseguir su cédula de adulto mayor.

No tengo cortinas en mi cuarto.

Estoy triste el 60% del tiempo.

Mis triglicéridos están dos veces más arriba de lo recomendado.

Ya no pienso en la gente que es importante para mí.

Disfruto mucho de estar acompañado pero

también encuentro placer en dormir solo.

Llegamos a una fiesta donde yo tenía otras expectativas.

Ella fumó mucha marihuana.

Mis amigos están llenos de miedo.

Mis amigos no buscan una salida políticamente correcta.

Desde que dejé de leer poesía comencé a escribir poesía.

Cataluña está hecha mierda.

El mundo tiene cáncer pero nadie se preocupa lo suficiente.

Estoy comiendo carne roja sólo una vez a la semana.

Intento darle orden a mi vida sin sentirme como un perdedor que lo ha echado todo a perder.

Mi jefe señala con un dedo blanco y transparente mis faltas de ortografía.

Mi madre llora cuando me ve ponerme un vestido color salmón.

Cataluña está hecha mierda.

 Mi padre apenas puede levantarse de la silla por el ácido úrico.

Creo que soy hermoso; mi torso está equilibrado y mi voz emociona a quienes no me conocen.

Creo que soy reemplazable; ella hundió su oreja en mi esternón y dijo las palabras correctas.

Moriré y mis amigos dormirán mal durante un par de semanas.

Cataluña está hecha mierda.

Ella dijo que fui un imbécil mientras arañaba mi panza sobre esta camisa que me puse queriendo ser guapo.

El mundo tiene cáncer y todos hacen chistes al respecto.

Extraño Venezuela; su amanecer que moja lo más soberbio de mis secretos.

Extraño a mi hermana; su voz aguda y tornasol, tan parecida a mis uñas cuando estoy furioso.

Extraño la universidad; ir y volver siempre con la misma careta de genio imbécil.

Ella dijo que fui un imbécil mientras besaba la parte más poblada de mi barba.

Cataluña está hecha mierda. Extraño El raval.

Alguien dice "gracias" en hindi y en mis manos un animal hermoso se materializa.

Llegamos a una fiesta donde yo tenía otras expectativas.

Mis amigos están llenos de amor.

Mis amigos están llenos de amor.



Cataluña está hecha mierda.

Ella me pregunta por Venezuela y España.

Mi casa siempre será el ladrido de un perro.







5 de noviembre del 2017
4:45 am.


Es fácil

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 12:41 a. m.

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Requiere un mínimo de fuerza de voluntad
el pararse en la mañana e ignorar el dolor de intestinos.
No desayunar, bañarse tarareando la canción con la que despertaste
(a veces una pieza incalculable, otras, un comercial de la infancia,
las más de las veces: algo frío y punzante),
saludar al amigo con quien vives alzando la cabeza, sonriendo porque
la sonrisa brotó de la nada (qué dulces milagros
se ignoran cuando se está demasiado alerta de sí mismo).

Luego caminar hasta el autobús, oler el falso otoño
que nadie disfruta y todos señalan. Querer sentir frío.
Es fácil. Oler el champú de la enfermera que va o viene,
sentir el polvo en la voz de los ancianos, desear,
con todo lo que nos queda de corazón, que alguien
nos mire y nos recuerde, por lo menos, las tres
primeras clases de la universidad. Es fácil.

Caminar una ruta diferente porque eso proponen los felices.
No poder conectar con las aves que combaten al
concreto y la distracción. Ir al café de tu amigo 
e intercambiar unos cuantos de los alfileres de oro que
llevamos en el plexo solar. Perder el tiempo, quizá,
al saber que a tu jefe le importas pero no demasiado. Es fácil,
pero faltan diez minutos y te quemas la mano al cruzar una calle
llena de casonas francesas que nada te significan. 

Saludar al perro que vive al lado del trabajo. Saber que sólo 
con los perros conectas. Es fácil dejar que lama tu mano
roja y temblorosa. Recordarla a ella cuando compraba
galletas de perro y entonces las lianas vuelven a amarrar tu estómago. 
Querer ir al baño, ser vulnerable. Es fácil. Limpiar tu escritorio
y saludar con gusto a esa familia. Entender que familia es una palabra
hermosa y distante, como la tundra o el infierno de los que creen en el infierno. 

No trabajar, no hacer nada. Todo está hecho. Es fácil. Treinta minutos
bastan para que ocho horas le sean significativas a quien pone
dinero en tu tarjeta. Es fácil ahogar la angustia de los números frente
a la pantalla que te anuncia tu dinero. Querer escribir un cuento es fácil, 
incluso escribirlos. No mentir en el proceso, no detenerse cuando
la mano amarilla de la mente entra en las letras para untarlas
con un perfume que a ti no te gusta. Ir al baño. Sentirse solo. Es fácil.

Extrañarla. Extrañarlo. Querer sentir besos en todo el cuerpo. Tener sexo
con alguien y después querer dormir con ese alguien. Es fácil no 
tomar la decisión de regresar a casa. Extrañarlos. Hacer reír a la gente
como una manera de pedirles que se queden. Esperar que ella te informe
que está desocupada y pueden ir a comer hamburguesas y tomar cerveza; es 
fácil mirar a los ojos y afirmar que puedes amarla porque le habla bonito a los perros.
Esperar que él te diga que no se va a morir, que su hígado está de maravilla.
Esperar que tu madre quiera ser feliz. Esperar que tu padre baje de peso
y coma más verduras. Esperar es fácil. Extrañar es fácil. 

No deletrear países, gritar triunfos y luego callarse frente a una estatua o
un árbol prehistórico. Dormir poco y mal, e inflar símbolos. Como ahora,
es fácil: ramen, galletas para perro, dioses nórdicos, algo que te deja pensando.
No contar historias de viajes, sino construir puentes donde el silencio le permita
al otro sentirse bien. Es fácil vernos a nosotros mismos en el pulsar
sedoso del despertar y del querer dormir.

Y no pensar en la muerte como quien piensa en un vaso con agua. No tener
que explicar las nubes tras la ventana de un avión. No cantar sobre el pasado
porque esa cosa vive en nosotros. Sólo recordar, es fácil. Es fácil no explicarle
a la gente que nuestra química cerebral es como una abeja que fastidia
la hora del postre. Es fácil explicar que lo que pasa en nuestro cerebro es enorme,
estúpido, horrible y maravilloso. Tirar vasos de vidrio desde un piso doce y 
abrazar al hermano que nunca tuviste.

Escribir poemas es fácil.




10 de octubre del 2017
12:38 am
Chihuahua, México.

Hoy pensé muchas cosas

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 1:15 a. m.

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Desperté a mediodía sintiéndome mal
porque ayer traté cruelmente a un amigo.
Y luego tuve problemas con mi pasaporte,
graves,
y decidí hacer algo que nunca hago:
no le di importancia.
Fui a comer con ese amigo a KFC
y bromeamos y cantamos y comimos pollo
en la sala de mi nueva casa,
esa donde viviré poco, porque cada vez estoy más cerquita de ti.

Y entonces pensé en que he pasado poco tiempo con mis padres,
pensé que escribo poemas pensando cada vez menos en que sean poemas.
Pensé que quedarme sin pasaporte antes de volver a Venezuela
debe ser algo grave, pero lo ignoré, ignoré todo y
jugué videojuegos con mi otro amigo.
Entonces pensé en Sudamérica, pero no en ti, todavía no en ti.
Fui al café donde trabajó la última mujer de la que creí enamorarme
y volvió luego de estar en Brasil y fui a verla,
tiene el cabello más largo, la piel más tostada y está
un poco más gordita; es hermosa.
Entonces pensé que no me iba a enamorar de ella y mi amigo
dibuja algo mientras toma un café muy frío.
Pensé en que extraño Venezuela, pensé en Sudamérica,
pero pensar en ti en ese momento era algo que no venía al caso.
Tomé tres cafés y sentí náuseas, pero estoy acostumbrado a eso.
Sentí mucho miedo por algo que no existía, pero estoy acostumbrado a eso.
Comencé a pensar en el problema de mi pasaporte, pero lo ignoré de nuevo.

Entonces conversé con una mujer que fue y es hermosa. Dejó de fumar
tabaco y marihuana y ya no bebe y sabe hacer preguntas. Entonces pensé
en el día que la conocí: la embajada de México en España, una comida con
sirvientes españoles atendiendo a una embajadora mexicana con apellido
francés y todos hablaban y ella, esa mujer que fue y es hermosa, me hacía
preguntas. Hacía las preguntas correctas. Y pensé que eso me hizo sentir bien.

Ahora ella está conmigo, en México, y hablamos de poesía. Pensé en
hablar que ahora que creo cada vez menos en la poesía me siento
cada vez más cómodo con ella. Pero preferí hablar de cómo Manuela Carmena
lo está haciendo genial en Madrid y también hablé un poco de lo mucho
que amo a los perros. Y salió natural, porque en ningún momento pensé
en mi pasaporte y no pensé en ti.
No pensé en ti a pesar de haber conocido a esa mujer que fue y es hermosa,
en el mismo país donde me recogiste en la estación de autobuses
usando un abrigo naranja y feo. No pensé que en Caracas estoy a 7360 km de ti
mientras que en Chihuahua estoy mucho más lejos.

Ojalá fuera esa persona que fui hoy, pero todos los días. Ojalá
pensará y escribiera como pensé y escribí hoy, porque incluso al
comenzar a pensar en ti -alguien habló de teatro para ciegos,
y luego mi amigo Enrique me dijo que iría a India, y luego
sentí tu aroma picotear la nada del otoño de esta ciudad rara-
me sentí bien, y estuve tranquilo, y me di ternura.

Entonces fui a un restaurante donde me comí un corte de quinientos pesos,
y esa mujer que fue y es hermosa me preguntó si fui feliz
en España y pensé mucho en ti, porque me amaste sin voluntad,
sin decir sí o no, sin caminar hacia ningún sitio. Me amaste mucho y
comimos juntos y bromeábamos y nos poníamos nerviosos cuando
de pronto queríamos hacer algo raro cuando teníamos sexo. Me amaste
mucho y yo, hace días, le dije a alguien que siempre iba a estar enamorado de ti.
Le dije a alguien "yo podría casarme con ella en cualquier momento", y me dio
gusto decir eso,
porque ya no creo en muchas cosas, como en la poesía o en la posibilidad de que
alguien me ame en la estación de autobuses de Barcelona; ya no creo en
Dios y no creo en que alguien me amará con el desinterés que sólo
sale de una pura y blanca valentía. Pero dije eso, y está bien.

Pero a esa mujer que fue y es hermosa no le dije nada de ti. Entonces quise
correr a mi casa para escribir este poema, que seguramente es el poema más
feo que he escrito en mi vida, pero lo necesito para saber que aún existes
y porque quiero releerlo para pensar en ti, y quizá convencerme que deba ahorrar
dinero e ir a tu país, no sé,
quizá sea una buena idea. Mañana quiero pensar en ti, todo el día,
y si se da la oportunidad
contarle a alguien sobre lo mucho que me amaste y lo mucho que
te amé y contarle a alguien que quizá ahorre dinero
para estar más cerquita de ti.

Probablemente ya no me ames, y tiene sentido. El dejar de amar tiene
tanto sentido como el amar mucho. Pero me gusta pensar en la idea
de que puedo volver a ser importante para ti, ser importante una
tercera vez. Este poema es importante, aunque sea feo y aburrido.
Voy a leértelo en persona, porque sé que te gustan mis poemas.

En eso estoy pensando.



19 de septiembre del 2017
Chihuahua, México.
1:14 am.