Top 10 de las cosas que me hicieron feliz o me hicieron sonreír mucho de mi 2015

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 2:43 a. m.

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He estado leyendo y releyendo la novela de Nick Hornby "High Definition" y, aparte de gustarme mucho, me ha hecho entender que me gusta mucho hacer listas de las cosas que me gustan, o no necesariamente. Desde hace mucho tiempo guardo listas en donde desgloso jerárquicamente cosas con el afán de archivar lo que considero importante en mi vida, sea bueno o malo. 

Una de las cosas que más me gustan de estas épocas es que aparecen por internet muchas listas de cosas que resultan interesantes y hasta útiles, por lo menos para mí. Desde que soy bastante inconsistente en lo que respecta  leer libros o ver películas, he pensado en una serie de tops que oscilan entre lo personal y lo estúpido (muchas veces es lo mismo), entonces he tomado la decisión de comenzar esta serie de tops (que serán publicados caprichosamente aquí o en mi tumblr) con el Top 10 de los momentos en que fui más feliz en el 2015. Determinaré y delimitaré la jerarquía bajo una sola premisa: los momentos en que más paz sentí en mi interior, o bien, los momentos en que más sonreí. Desde luego que esta última premisa no aplica a risa o ataques de risa, ya que estos últimos casos pueden llegar a ser bastante intrascendentes.

Creo ser una persona lo suficientemente normal y aburrida como para hacer de este Top algo en lo que la mayoría de la gente se vea proyectada. No quiero decir que sea algo malo ser normal y aburrido; Vladimir Hölan tiene un verso hermoso en donde sentencia "las gentes sencillas son las únicas que no buscan la felicidad". Es quizá de este verso donde parte mi necesidad de enlistar los momentos en los que fui más feliz, porque son momentos que brotan de lo espontáneo, lo no planeado, o incluso de lo más oscuro de las circunstancias.

Sin afán de querer encontrar algo único en mi memoria, puedo decir que mi 2015 fue un año como los que he tenido desde hace tiempo, o mejor dicho, ha sido un año bastante similar a todos aquellos que he vivido desde que la poesía me ha permitido vivir la vida que quiero vivir. Desde el 2011 a la fecha he viajado mucho, he comido cosas extraordinarias, he leído cosas maravillosas y he conocido gente que lustró mi vida para ayudarme a ver su verdadero color. Por todo esto, estoy bastante agradecido.

Aquí va la primer parte.



LUGAR 10
El niño gitano que fingía fumar en el metro de Barcelona.

En España conocí y viví lo caro y difícil que es mantener una adicción. Fumo de una manera que no me enorgullece nada desde los 17 años y, por el brutal cambio de divisas entre México y la Unión Europea, fumar resultaba algo que me ponía en un severo problema. Comer o fumar. Tomar el metro o fumar. Invitarle una cerveza a un amigo o fumar.
Llegó un momento en que me quedé sin dinero y todo era el doble de difícil cuando el cuerpo, además de pedir alimento, pide otras cosas. Afortunadamente, Juan Antonio Montiel, un extraordinario traductor poblano que conocí en una comida en la embajada y que tiene varios años radicando en Barcelona (su traducción de Viaje al amor de William Carlos Williams se encuentra en editorial Lumen e incentivo recalcitrantemente el conseguir ese libro) me invitó a cenar con él y su novia justo la tarde en que no me quedaba absolutamente nada. En un acto de enorme bondad y amistad me compró una bolsa de tabaco Domingo y papel para liar. 
Días después (y ya con algo de dinero) tomé el metro para ir a algún sitio. Tres paradas antes de mi destino (y sabiendo que mis capacidades de liar son tan malas como chistosas) me dispuse a forjar un cigarro dándome todo el tiempo del mundo. 
Frente a mí, sentados en hilera, tres niños gitanos de ocho o nueve años de edad dibujaban cosas en un cuaderno foliado, reían y hablaban en catalán. Uno de ellos me miró a los ojos, yo le sonreí mientras lamía por cuarta vez la banda adhesiva del papel. Para mi sorpresa, el niño me devolvió la sonrisa, cosa extraña. Desde que había llegado a Barcelona me acostumbré dolorosamente a la sequedad del catalán, pero el niño me sonrió de vuelta.
Una estación antes de bajar yo seguía sin obtener un cigarro decente. Los niños seguían dibujando, riendo y hablando en catalán. Fue quizá la derrota, la ansiedad o el enojo que inspiraba ese mexicano en el metro de Barcelona lo que hizo que uno de esos niños abandonara el juego. Arrancó una hoja de papel, la enrolló con sus manitas morenas y sacando mucho la lengua simuló sellarla con saliva. Luego, mirándome a los ojos, se llevó su enorme cigarro a la boca y fingió dar enormes y deliciosas bocanadas que salían de su boca siempre torcida en una sonrisa.

LUGAR NÚMERO 9
Mi primer espresso de 21 segundos y de sabor decente.

Pensé mucho en colocar en este lugar el hecho de haber ingresado a trabajar en Kaldi Café, un café de especialidad donde, neuróticamente, se busca la perfección en cada taza. He sido feliz aprendiendo y obsesionándome con el mundo del café, dedicando más de la mitad de mi día en estar en ese bello lugar que me ha salvado de tantas cosas, pero es quizá el momento en que por primera vez hice algo más o menos bien el que, por mucho, engloba todos los buenos momentos que siguieron después.
Fui entrenado por Óscar, un barista y amigo con 5 años de experiencia que jamás escatimó en sus niveles de exigencia, cosa que siempre agradecí y que jamás me incomodó. En todo momento me encontraba nervioso y hasta ansioso, quizá porque esos primeros días de trabajo yo recién entraba en el infierno de la separación amorosa más relevante que he tenido. 
El espresso debe salir de la máquina entre 21 y 30 segundos. Esta frase se me quedó tallada en la corteza frontal de mi cerebro quizá como una especie de mantra que me hacía olvidar otras cosas, pero la cosa fue más allá, porque llegó un momento en que realmente era algo importante, crucial y vital. Debía sacar un buen espresso.
Óscar era paciente y violento, una combinación que me hacía recordar con gracia a mi exnovia y que, por supuesto, utilicé para no sentirme mal al respecto. Puedo decir que los primeros 10 espressos que hice tenían un sabor a bicicleta o a vidrio sucio. Los siguientes 10 espressos alcanzaban notas de fermento con caca y, para mi dolor, los últimos 10 apenas y llegaban a saber a pasto quemado o a aliento de resaca. No fue hasta semanas después, que luego de incluso llorar (llanto que, por supuesto, se mojaba por otras mil millones de razones ahora mucho menos importantes que el valor de ese grano de café) conseguí un espresso de espuma uniforme, a 21 segundos exactos y con un "decente" sabor a chocolate y especias.
Fue a partir de este momento en que me di cuenta que los intereses de mi vida van más allá del libro, del poema o del viaje. Me gusta el café y me gusta fregar baños. Me gusta saber que dentro de un simple grano que se saca de un frutito raro puede existir una complejidad enorme y maravillosa que jamás voy a terminar de entender, y eso está muy bien.

LUGAR NÚMERO 8
Youtube

Creo que invertí varios cientos de horas de mi 2015 a encontrar videos en youtube que me daban enormes momentos de paz y felicidad. Videos que van desde animales haciendo cosas graciosas, humanos haciendo cosas graciosas, videos de teorías de conspiración (creo que fue acá en donde las más de esas horas se fueron) hasta cosas que jamás imaginé encontrar. Adjunto acá algunos enlaces.

BELUGA DE CONNECTICUT BAILANDO CON UN MARIACHI



ADULTO JOVEN CON CAMISETA BLANCA DISPARÁNDOLE A UN OVNI



TAO LIN DANDO UNA CONFERENCIA ACERCA DE SU ACTIVIDAD COMO ARTISTA PLÁSTICO



LOS CANALES DE UFOLOGÍA, PARAPSICOLOGÍA E INVESTIGACIÓN DE TEORÍAS DE CONSPIRACIÓN DE VICENTE FUENTES Y JL CAMACHO




ESTE VIDEO (si te dio pereza darle click a los anteriores por favor te pido que en este no te de pereza y sí des click, es hermoso)




LUGAR NÚMERO 7 
La noche en que me perdí en Gijón estando muy borracho

La última noche que estuve en Asturias fue una noche llena de miedo e incertidumbre. Fui invitado a cenar por Nirian, una extraordinaria venezolana que lleva ya varios años viviendo en Gijón. Cenamos mucho y bebimos mucho vino. Yo jugué con su perro sordo que ahora no recuerdo como se llama y me unía a las bromas que todos le hacían a la chica escocesa que vivía con Nirian, de cuyo nombre tampoco me acuerdo.
Gijón es una ciudad pequeña y fácil de entender, por lo menos eso pienso ahora en sobriedad y, con más razón, lo creía en momentos de intoxicación. Salí del departamento de Nirian muy tarde con la seguridad de saber que mi hotel está justo frente a la escalera 4 de la playa. En caso de perderme sólo tendría que buscar el mar y seguir las escaleras hasta dar con la de mi hotel. 
Por algún motivo, en algún momento, terminé en una zona muy alta lleno de construcciones muy antiguas (en mi ebriedad yo juraba que eran construcciones medievales, pero ya no lo creo tanto así) y enormes descampados donde la neblina y el frío se acentuaban más. La primer hora de caminata la pasé bien alegándome internamente que en cualquier momento (o más bien, en el momento que yo quisiera) encontraría la playa y todo sería más tranquilo, pero no fue así. Vagué durante casi dos horas y media, y cuando el temor empezó a cobrar la forma de pensamientos catastróficos (mi editora hablando con el cuerpo diplomático, mis amigos repartiéndose con tristeza las pocas pertenencias que tengo, mi familia hecha un caos, la posibilidad de haber cruzado una puerta interdimensional que me llevó a otro universo del cual jamás iba a poder salir) me di cuenta que quizá esa iba a ser una forma bastante bella de desaparecer de este mundo.
Por supuesto que al estar casi amaneciendo había ya algunos ancianos paseando a sus perros y alguno que otro automóvil, pero esto en ningún momento significó un aliciente para mi extraño estado de estrés-angustia-felicidad-paz. Bien pude, en cualquier momento, preguntarle a algún asturiano a dónde tenía que dirigirme para llegar a la playa, pero no lo hice, quizá por la resignación de saberme perdido o bien por las ganas de estar perdido.
Pasaron horas hasta que pude encontrar arquitectura que reconocía, específicamente, la iglesia que está cerca de la entrada de Cimadevilla. A esta altura el cansancio y la resaca eran más grandes que cualquier pensamiento o sentimiento contradictorio. Vi una hamburguesería abierta y compré un paquete, bajé por la escalera 4 a mojarme los pies en el mar mientras desayunaba y entonces vi a una anciana bañándose en la espuma con su Golden Retriever.


LUGAR NÚMERO 6
Encontrar mi libro "TOS" dedicado, fechado y firmado en una librería de viejo.

A mediados de mayo, cuando recién volvía de mi primer viaje a España, tenía que doblar turno algunos días en el café. Tenía dos horas para comer y yo como muy rápido. Cerca del café hay una librería de viejo muy famosa en Chihuahua. Librería Logos es famosa por su picante aroma a antiguo y por el precioso gato que se pasea por las revistas y los discos de acetato. No acostumbro visitar librerías en mi ciudad porque es algo que me quita dinero y tiempo, dos cosas que por el momento no puedo gastar tan a la ligera. Lo hago cuando viajo y lo hago mal, soy impaciente y torpe. Sabiendo esto, ese día quise dedicarle la enorme y hermosa hora y media a buscar y quizá encontrar algo que pudiera llevarme.
Logos no es una librería grande como las de Donceles en la Ciudad de México. Afuera, en un pequeño pórtico, hay revistas. Adentro, las cuatro paredes tienen libros y en el centro dos enormes mesas tienen libros. Nada del otro mundo.
Mi estrategia era dedicarle a cada sector de la librería la suficiente atención como para no pasar desapercibido nada; esto significa leer y observar cada lomo, cada portada y cada contraportada. Encontré dos cosas muy buenas: una antología de Clarice Lispector y los sonetos de Tomás Segovia. Pero encontré también algo que me dio mucha risa, un ejemplar de mi primer libro de poemas firmado y dedicado para alguien se vendía en veinte pesos.
Esto era algo que, en algún momento, imaginé que sucedería. Por supuesto no le doy a este encuentro un significado de orgullo, dolor, reproche o soberbia. Justo a lado de ese despreciado ejemplar estaban libros de algunos conocidos míos que también publicaron algo. No significa nada, realmente no significa nada. Me hizo sonreír el ver que alguien necesitaba tanto el dinero que, quizá, tomó todos los libros de esa sección que cada persona tiene en su librero, la sección de "imprescindible" o "no me interesa tanto" o "fui a la presentación del libro porque no tenía otra cosa qué hacer". También me hizo sonreír ver que ese primer libro (que ahora lo veo insoportablemente cercano y palpitante) tuvo un destino predecible y humano: no le cambió la vida a alguien, pero le dio a alguien un par de monedas.


NÚMERO 5
Mi único día de trabajo en una oficina

Todos los trabajos que he tenido implican estar de pie, o moverme mucho, o interactuar con gente o solucionar problemas de manera eficaz en un tiempo corto. He tenido la fortuna de que en todos mis trabajos es necesaria cierta ejecución de creatividad para que las cosas salgan como tienen que salir. 
Cuando fui invitado a trabajar para la revista Desértica me sentí entusiasmado al saber que habría una oficina en la que tendría que estar varias horas, sentado, frente a mi computadora, escribiendo y editando y releyendo. De una u otra manera eso significaba un trabajo de ensueño; desde hace tiempo he aprendido a lidiar con mi pereza y mi ocio, he dejado de verlos como algo negativo u obstaculizador. Creo que las mejores cosas que he escrito, leído y editado las he hecho dentro del aburrimiento, ocio o pereza.
Sólo trabajé un día en esa hermosa oficina en el centro de Chihuahua, dos amigas me llevaron café y me sentía, orgullosamente (y como la rueda neoliberal ha tenido que bautizar) un "creativo". Tristemente sólo duró un día.
Diez horas después de ese maravilloso primer y único día de trabajo en una oficina, tenía que volar a Madrid. Las personas que me contrataron, con toda la confianza del mundo, creyeron (como yo) que el tiempo que estaría lejos podría yo llevar a cabo mis actividades de editor, cosa que fue rotundamente imposible.
Gente de Desértica, por favor recontrátenme.






4 de enero del 2016