Tríptico de Arioch

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 10:04 p. m.

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Sordo sea tu viento sordo sordas flores de ceguera.
Sea todo sordo menos mi rechinar de dientes
Mi halcón esté en tu corazón.

Vasko Popa



*

Eres novia límpido humo de los abecedarios
heme aquí estrella sin futuro ya muerta
para los ojos llanto negro de las montañas

Ruido grito en la piedra que descansa en el aire que quedó
el azul del mar es el azul de todo lo que comprendes
de agua sea el dolor que viene ya buscando tu cuerpo

Que todo hombre carne tenga en tus silencios
procuren no morir frías sombras de gloria
en ustedes ella sed tendrá y en el sexo nueva púa

Heme aquí lastre de oro puro sepultado en el aire
con la sonrisa camino la arena de una playa vacía
soy libre mi sangre chorrea en las cascadas de mi cuerpo


*

Eres novia frágil ramita de ébano muerto
encalladas en tu coral se ríen las jacarandas
y en el corazón de tu odio una estrella se apaga

Un niño y una niña se toman de la mano
caricia en la piedra cuya piel explota
y alguien nuevo grita y deforma el bostezo de la muerte

Una niña y un niño bañados en leche tartamudean
palabras son los pájaros que matizan la vida palabras
forman un paisaje que nada tiene que ver con la vida

Un niño y una niña acarician el hocico de un perro
dientes hermosos son el sol de un mediodía que no llega
hermosos perros viven dentro de la casa de tu soledad


*

He visto a mi sonrisa ser luna en cielo carmesí
cuando la lluvia se hace nieve y la nieve cae
sobre los hombros que besaré jamás

Un nuevo labio brota en la cosecha de mi hambre
moja estos dientes bellos desde la fiesta de tus palabras
un nuevo labio aprieta nieve blanca en la nada de mi boca

Caerán los poemas como caen los suicidas del rascacielos
lluvia nueva en la escarlata costra de mi ansia
donde la sangre ya no es azul ni es agua de mar ni es sangre

Caerá la vida como un ciervo listo para alimentarnos
y en el nuevo fuego que empieza a arder en mis ojos
un niño y una niña comerán el viejo pan de lo inevitable




26 de noviembre del 2014

Taxi dragón

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 12:59 a. m.

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para Samuel Chavarría

no pasaban taxis
y pensaba
en tu voz
ebria
y en tu dedo
endurecido
por el kung fu
diciéndome
no estaré contigo
la próxima
vez
que llores
la próxima
noche
en que quieras
ahogarte
en un río ajeno
no pasaban
taxis
en esa pequeña
ciudad
donde una vez
caminamos
buscándote un sitio
donde durmieras
usando como almohada
ese papel donde
alguien dice
que eres un maestro
entonces
pocas cosas
verdaderas
resultan de tantas caminatas
tú eres un maestro
en el kung fu te dijeron
que eres un
dragón
lo demás
no importa
tomarás un
autobús a una ciudad
cuya tierra
se ablanda
por los pies
de esa mujer que
vas a amar
y está bien
yo no soy un maestro ni
soy un dragón
pero tomé
dieciséis
autobuses en busca
de algo que
al final fue
una fría calle
donde los taxis
dejaron
de
existir
donde mi maleta
fue un horrible
amigo
que golpeó
mi espalda
llena de
lágrimas
ahora
en esta noche
que es un
dragón de hielo
deseo
que esa mujer
que es flor
y ablandó
el piso
de tu alma
nunca
escupa en tus dedos
nunca
vacíe el jardín
secreto
de tu espíritu
en una insensata
manía
de creerse
viva
y yo
que no soy
ni maestro
ni dragón
ni taxi
te deseo esto
recordando
todas las
noches en que
pudiste señalar mi rostro
e insultar
mi pasado
y
en cambio
reíste
en cambio
callaste
en cambio
fuiste
el taxi más
cálido
que puede existir
en la eterna
noche dragón
que hiela el alma
de los que viajan
con la
esperanza
de encontrarle
un sentido
a algo
pero hoy mueres
un poco
hoy crujirá
una vena importante
en mi
corazón
cuando te imagine
arribando a
esa otra
bella
ciudad
con los ojos puestos
en una irreductible
desesperación
sin embargo
está bien
está bien viajar
está bien equivocarse
está bien besar
a las mujeres equivocadas
está bien pedir perdón
mil
veces
está bien
tener un pasado
lleno de dragones
y de amigos
muertos
cuyo fantasma
aún nos busca
en alguna carretera
que usaremos
para buscar
a la amiga con
la
que
queremos
morir
yo
sin ser maestro
ni dragón
siquiera un
buen
amigo
muerto
deseo
que llores y
rías
y me permitas
que tus
endurecidos
dedos
envuelvan mis manos
pronto
de nuevo
para saber
los motivos
de esos
misterios
y poder
al fin
reír.


Un poema de Robin Myers

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 9:29 p. m.

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El brillo

Cavamos hondo en la tierra, Nina.
La cortamos.
No intentamos arreglarla.
Dando tumbos vamos hacia abajo,
colgamos luz donde no hay luz.
Hacemos todo para ir más rápido
de lo que iríamos en soledad.
Apuntamos nuestras pistolas a gente que no queremos matar.
A veces los matamos.
Empujamos a nuestros hombres al ring
y ellos se empujan entre sí hasta sangrar e hincharse.
Hervimos vivas a las langostas.
Azotamos a los adúlteros.
Nosotros somos adúlteros.
Desollamos ciervos.
Violamos monaguillos.
Golpeamos peatones que mueren al instante.
Morimos al instante.
Rebanamos nuestras córneas con láser.
Quemamos los huertos del vecino,
nos rajamos los muslos con navajas,
damos la espalda a nuestras hijas que sollozan
cada día del primer mes del primer grado
para que aprendan a abandonarnos.
Damos a luz, Nina,
damos a luz incesantemente.
Nos destruimos las cutículas,
explotamos montañas enteras,
olvidamos casi todo,
proporcionalmente hablando,
y deliberamos quiénes sí y quiénes no merecen vivir
en un departamento lujoso y nuevo,
y levantamos museos sobre ruinas
de pueblos masacrados, y a zancadas intentamos
pasar frente al que inhala pegamento y se convulsiona en la calle.
Inhalamos pegamento,
bebemos hasta decir cosas que no queremos decir,
e introducimos sondas en las tráqueas de nuestras abuelas,
y atamos muchachas a las cajas de las trocas
encima de un colchón,
y entintamos nuestra piel y perforamos nuestras caras,
licuamos hielo y se hace espuma, reventamos caballos,
desaparecemos, desaparecemos a otros, mutilamos verbos,
alejamos las cosas de la infancia
e ignoramos al hombre que alguna vez amamos,
y hablamos del amor en tiempos que no son el presente,
y nos lanzamos de los aviones,
y castigamos a los niños hasta que no puedan hablar nuestras lenguas nativas
y derramamos nuestros residuos al mar,
y mentimos, Nina.
y ahorcamos con las manos las gargantas de lo deseado
hasta que manos y garganta palidecen.
Lo hacemos.
Aunque también es cierto
que untamos blanda mantequilla sobre una hogaza de pan
con un cuchillo blando.
Confiamos nuestros huesos a los conductores de autobús,
las nucas a los peluqueros,
los lóbulos de nuestras orejas a las nubladas bocas
de amantes que podrán o no amarnos,
pero que nos acarician como si así fuera.
Raspamos la corteza del abedul con los dedos
mientras avanzamos.
Compartimos nuestra sangre,
damos paletas a los ancianos
para evitar que se desmayen cuando terminen.
Cuidamos los brotes de nuestras papas.
Esperamos.
Quemamos el arroz, comemos el arroz,
doblamos las orillas de las páginas,
buscamos un rostro único en los rostros pasajeros
y la encontramos, o no la encontramos,
y subimos con dolor la colina, y la resbalamos hasta abajo en trineo,
y cantamos apretando los párpados
y cerramos nuestras ventanas al desfile
para acostarnos juntos y escuchar lo que decimos
y dejar que el fuego de la casa haga lo que quiera
en las cosas que poseemos.
El no tener opción
no es el punto.
Anhelamos.
Confesamos hazañas que no hicimos.
Lavamos nuestros pies.
Reímos hasta la náusea.
Dejamos que la tortuga avance.
Tenemos la certeza de estar en lo correcto.
Llegamos, lo cual es una manera rara de decir
que partimos,
con un gozo que puede ser desolador
si no fuese tan gozoso.
Nos han dicho que debemos soportar la alegría
para después poder soportar la desolación.
No,
Nos han dicho que debemos soportar la desolación
para después soportar la alegría.
No.
luchamos contra lo que podemos soportar.
No,
no sabemos lo que podemos soportar.
¿Verdad?
No lo sé, Nina.
No lo sé.
He visto a un estudiante caer de rodillas
en postura de oración
o traición
o de cartílago roto durante el juego de futbol.
¿Qué es lo que sé?
He visto a una anciana forcejear
contra un abrazo
en un gesto de rencor
o de tristeza
o deseo muerto
o artritis reumatoide
o por extrañar a su madre
o por viejos terrores que vuelven
¿y qué Nina, qué podemos hacer?
Hacemos lo que podemos
No –
conozco
a un hombre que
hace años
se postraba a la orilla de la autopista
para sentir el paso de los tráileres y aquel soplo
movía su cuerpo, para sentir el campo de minas
entre la línea amarilla del asfalto y sus dos pies.
La mina. El campo.
¿Cómo llega el cuerpo a donde el mundo
le ha dicho que no se viaje?
Te pregunto.
Nuestras opciones, a fin de cuentas, son pocas.
Amo a este hombre cuyo cuerpo dijo
no quiero
irme.
Y te amé a ti,
que te fuiste.
Es un "te amo", no un "te amé", amiga;
perdóname.
No sabemos
lo que hacemos,
como pasmados ante
el verde maizal que brilla sobre el campo,
como un pie sobre la mina,
nos vamos, nos vamos, nos vamos,
Nina.
Brillamos




Robin Myers (Nueva York 1987). Es poeta y traductora. Licenciada en Literatura Inglesa por el Swarthmore College en Pennysilvania. Miembro desde el 2009 del American Literary Translators Association (ALTA). Sus traducciones, así como sus propios poemas traducidos al español, han sido publicados en numerosas revistas como Tierra Adentro, Letras Libres. Ha vivido en Estados Unidos, Palestina, Buenos Aires y actualmente reside en México DF.