Tres poemas de Mary Ruefle

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 7:03 p. m.

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Traduje tres poemas de Mary Ruefle. Otra vez gracias a mi amigo David Shook por darme a conocer a alguien más.


Sopa de sangre

La última vez que vi con vida a padre cargaba
un paraguas negro, cerrado, para golpear a las palomas
que se ponen tras las entradas de mármol del museo.
Éramos visitantes, caminábamos muy despacio, para que padre
pudiese parar y examinarlo todo. No entramos al museo
pero las palomas descansaban en la escalinata.
Lo vimos todo; las fuentes, las estatuas, los parques
y la oficina de correos. De esas cosas están hechas las ciudades.
Vimos una boda salir de la catedral
y fuimos atrapados por una lluvia de arroz. Cuando la novia
se quitó el velo padre se chupó el dedo meñique
y de esta manera salvó un arrocito. A la siguiente cuadra
dijo que se iría al cielo. Pero primero
volvamos al hotel y descansemos, dijo: quiero mi menta.
Esas fueron, prácticamente, sus últimas palabras. ¿Qué es
lo que más quisiera yo en el mundo? quizá la antigua receta
polaca de sopa de sangre, la cual me fue dada
en un vacío restaurante de una abandonado pueblo rural de Massachusetts
por la madre del dueño, que estaba sola un día que llegué
y pedí un tazón. Pero, ella dijo, entrelazando sus dedos
en un jarrón de cerezas, que era necesaria una taza de
sangre nueva sacada del cuello del ganzo cuyo cuello se acaba de escurrir,
y ponerlo en la olla, ¿en qué lugar, en estos días,
puedo encontrar algo tan fresco como eso? Ya le perdí rumbo
a mi vida, pero nada me preparó para el violenta dicha
de aquella mujer que sigue enlistando, uno por uno,
los imposibles ingredientes que necesito para vivir.
Entrada la noche nos sentamos en una grasienta mesa, mientras
la nieve caía sobre las puertas cerradas de la iglesia vecina,
dedicada a San Estanislao, de la cual se rumorea que
es bella por dentro, y guarda los restos de su amado cráneo.



Escuela secundaria

Estuve en la Escuela Secundaria Cesare Pavese.
El gimnasio era una capilla dedicada a la soledad
y nadie jugaba a nada.
Había un vitral sobre el escritorio del director,
e incontables pájaros volaban a él,
recitando a Shelley con todas sus fuerzas,
el vitral era a prueba de balas, pero además,
nuestros líderes nunca han sido inmortales.
Los salones de clase eran como habitaciones de motel,
llenos de manchas, o en el mejor de los casos,
platos con leche para los incontables gatos,
o gatitos, según la época del año.
Esperaban que, en ellos, nos examináramos a nosotros mismos, y pasar el año.
Una vez el director saltó del techo
a mediodía, para enseñarnos el espíritu escolar.
Nuestra mascota era el Señor Corbata Chueca.
Nuestro equipo Las Hierbas Agrias.
Nuestro club Los Reconsideradores.
Fue un honor estudiar allí,
aunque hacer retrospectiva es algo difícil.
Probablemente habrás escuchado que todos nos convertimos en conserjes,
sentados en los sótanos junto a los calentadores
leyendo libros baratos de poesía italiana
y nunca limpiamos nada.
Aún así el mundo funciona.



La Mano

El profesor hace una pregunta.
Conoces la respuesta, sospechas
ser el único en toda la clase
que sabe la respuesta, porque la persona
de la pregunta eres tú, y por eso
eres la máxima autoridad viviente.
Pero no alzaste la mano.
Alzaste el cajón del mesabanco
y tomaste una manzana.
Miras por la ventana.
No alzaste la mano y hay una
belleza esencial en tus dedos,
que no tamborilean, yacen quietos
y en paz.
El profesor repite la pregunta.
Tras la ventana, en una rama que sobresale,
un petirrojo hincha sus plumas
y la primavera está en el aire.




Mary Ruefle (Pittsburgh, Pennsylvania 1952) es una poeta, ensayista y profesora estadounidense. Sus últimos tres libros son "Trances of the blast" (Wave Books, 2013),  "Selected Poems" (Wave Books, 2011, por el cual ganó el William Carlos Williams Award) e "Indeed i was pleased with the world" (Carneige Melkon University Press, 2007).








25 de febrero del 2014

Dos poemas de Raymond Carver

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 11:06 p. m.

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Otras dos traducciones de Raymond Carver.


Mi hija y el pastel de manzana

Me sirve una rebanada recién
salido del horno. Flota vapor
de las rendijas. Azucar y canela
en polvo se caramelizan en la corteza.
Pero ella trae esos anteojos oscuros
en la cocina a las diez de la mañana
-todo está bien-
mientras ella me observa cortar
un trozo, llevarlo a mi boca
y soplar. La cocina de mi hija,
en invierno. Encajo el tenedor en el pastel
y pienso en mantenerme lejos.
Ella dice que lo ama. No podría
ser peor.



Lo que dijo el médico

Dijo que no se veía bien
dijo que, de hecho, se veía muy mal
dijo que contó treinta y dos en un sólo pulmón
yo paré de contarlos
dije me alegro no quiero saber
más nada de lo que ya esté allí
él dijo ¿eres un hombre religioso? ¿te arrodillas
en las arboledas del bosque pidiendo ayuda?
cuando entras en la cascada
y la niebla sopla en tu cara y tus brazos
¿te detienes y pides entender esos momentos?
yo dije no todavía pero empezaré hoy
él dijo lo siento mucho dijo
me gustaría poder darte otro tipo de noticias
dije Amén y él dijo otra cosa más
no entendí y no supe qué hacer
y no quise que lo repitiera
y tener que digerirlo
sólo lo miré
por un momento y él me miró de vuelta
me puse de pie y le estreché la mano a aquel hombre
que me dio algo que nadie más en la tierra me daría
puede que le haya agradecido el haber sido tan valiente.






23 de febrero del 2014