2011

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 2:05 p. m.

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Para Iván Ortega López



Qué bobo te ves haciendo caballitos de papel mientras todo el mundo ha pasado de comerse las uñas a comerse los dedos. Los niños usan sus dedos en lugar de palabras. El blanco es un color que sirve de papa para llegar a los pantanosos comedores del raciocinio. Hay un cadáver flotando entre las cabezas de los comensales. Hay océanos de tristeza que abrazan a los barcos tripulados por cachorritos marineros. Cuando me zumban los oídos ya no me importa un carajo si la gente me desea cosas de muerte, a ellos se les hará chicharrón el corazón. Escribo sin permitirme pausas para que la maestra crea que estoy escribiendo lo que está dictando. Nadie sosprecha de las piedras porque entre sus silencios están encerrados los siete sermones de la muerte. A ella la quise tanto que no me importó oler muy de cerca su menstruación. Mi caligrafía se descompone conforme la electricidad de mi cerebro va haciéndose más y más roja, mis letras, de lejos, parecen arbolitos extraterrestres que nunca servirán para hacer fuego. Yo te diré qué fueron los noventas, los noventas fueron una pinche patraña, como tu papá y tus poemas. Haremos versitos que engañarán sonrisas y nos acostaremos a dormir creyendo que acabamos de salvar a la humanidad. Mi lengua era una lengua romance cuando te besaba, muchacha, y yo le digo a Iván que su poesía no durará porque los Tamagochis fueron aplastados por esa estampida que llamamos 'enamoramiento' y él hace air drums mientras canta en sus adentros:
♪ Se supone que la vida no es tan estridente
Mamá está equivocada y los libros mienten ♪
Lloro mordiendo el éter que revolotea entre tus lentesotes y mis lentesotes. Los poetas chilangos hablan arameo mientras duermen y los poetas chilangos hablan de cómo sus padres destriparon a sus perros. Esto no es un poema etcétera y el flash de las cámaras nos interceptaban cantando
♪ Bloody rainbow Bloody rainbow ♪ Bloody rainbow Bloody rainbow ♪
nos pusimos gruñones y abrimos tantísimo los ojos... esto no es un poema etcétera y cuando me enamoro etcétera siento la misma angustia etcétera que sentía cuando mis caballitos de papel apenas sabían relinchar etcétera. Soy un niño que se convulsiona en su llanto etcétera / en la espera de un poema y etcétera / que nos salve la vida / y ahuyente a las abejas. Los libros son una mentirosa ue huele rico. Qué miserable me siento cuando camino por mi universidad y veo que en Chihuahua los edificios nunca podrán ser tiranosaurios rex de distintas nacionalidades. Las mujeres si se lo proponen podrían conquistar al mundo con sus superpoderes. Canciones con ruido blanco, ruido mapa, la música es lo único que nos guiará al país de la misericordia. Cruzamos los brazos mirando con hastío la matanza del buen gusto, y allá en el horizonte, Gerardo y Malpica y Bauer se explotan porque saben que se apagarán. Llegará el día en que la vida se fracture el esqueleto bailando el huahuancó del infierno. Condicionante entre alfabeto y esquizofrenia: la indiferencia. No nos debemos conformar con un tibio apretón de manos. El fin de éste etcétera brotará cuando dejemos de invocar terremotos y seamos dos ancianos cuyo historial de vida lo venda el Fondo de Cultura Económica. Espero algún día ser ese amigo suicidado que te visita en el reflejo de las ventanas, para que llores amargamente, pensando en el dolor de los polvorones cuando se agrietan y de sus fisuras brotan cosas horripilantes. Las nubes son lesbianas y las protejo porque me dan besos en Septiembre. Hay que ser agradecidos con las personas que nos recuerdan nuestro parentezco con los polvorones. Hay que ser acertivos con esas palabras que estornudan cuando uno tiene los huevos de escribirlas sobre la tundra de una floral espalda. Hay que disfrazarnos de zombis cuando el otoño arrecie y empezar a devorar estrellas dinosaurio con la urgencia de un niño que se sabe abandonado en un mundo lleno de poetas salvajes.



Veintiocho de Septiembre del 2011

El humo de cigarro no sigue a los guapos, sigue a los que se van a morir de amor

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 1:38 a. m.

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A G.C.R
 

Estoy sentado en una nube magenta con los pantalones a la rodilla
Pensando en la música de las circunstancias
Hay insectos que huelen a zozobra y se convulsionan como niñas bailando
Las niñas están bailando al ritmo de los insectos
Zumban como un cataclismo inminente
Las niñas bailan en la mandíbula de la noche
Invocando cosas cuyo nombre
Empieza con a
Y termina en r
Encima de mi nube sangrita no hay tequila
Y los limones están más caros que un revolver
Encima de mi stratocumulus escarlata
La manía de saberse invisible 
Se te revuelve entre el triperío 
Que a ese Dios barbudo se le ocurrió ponernos 
Debajo del corazón
Mi ombligo se sabe la historia de tu nombre 
Pero me tienen prohibido revelar el secreto
So pena de exhibirme en el infierno
Sentado en una roca hirviente
Con los pantalones a la rodilla
El humo del cigarro no sigue a los guapos, sigue a los que se van a morir de amor. 
Tú nomás no entiendes que la noche es el incendio de los fantasmas
Y entre esas tinieblas las niñas bailan 
Imitando con los brazos el oleaje de un mar que no conozco
En mi nube colorada juego
A ser un niñoluna 
Que escupe balaspajarito 
Para asesinar a las muchachasterremoto
En mi nube de tormenta menstruante controlo el vaivén de las bestias
En mi vida ya no hay secretos que hagan del poema algo estremecedor
En el cadáver de mi último secreto encontraron la foto donde una niña bailaba 
Y abría la boca
Y su lengua estaba cubierta por horribles insectos
que probablemente olían a puritita zozobra
En mis poemas se estremecen las nubes 
Porque lo que mi tristeza le puede regalar al mundo 
Solo afecta a cosas inalcanzables
Te estuve preparando un poema que se defendiera por sí solo
Pero no se puede pelear contra los señores de la muerte
Estoy en la nube más roja que la noche nos puede regalar
Y te miro con el cansancio de una piedra que guarda silencio
Y te miro toreando al otoño
Y te miro esquivando las piedras de los cholos
Y te miro fumándome el último cigarro del planeta
Y miro cómo el humo te sigue
Y te miro muriéndote de amor
A los pies de una niña que baila
Usando la música de los espejos.
Y me pides que te de un cigarro
Y yo te digo que ya no me queda nada.





Veintisiete de Septiembre del 2011






Las circunstancias son pájaros profetas y Abismomnibus

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 5:35 p. m.

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Otros dos cuentos que aparecerán en Trocasutra, editado por la cartonera  Bakcheia (click aquí para redirigir a su página de Facebook). Son apenas borradores. El libro saldrá a la venta entre la última semana de Octubre y la primera de Noviembre.




Las circunstancias son pájaros profetas

El cielo me regaló una pluma que cayó sobre mi dedo anular. Como soy supersticioso, siento que Dios me quiere decir algo en el idioma de los pájaros.

Cayó mientras caminaba por un parque, cayó con la suavidad con la que la muerte absorbe la pulpa de las flores. Descansó sobre mi dedo y pensé en el caprichoso destino que mis pies empezaban a sugerirme. Al desprenderla de mi dedo, la plumita revoloteó como si todavía fuera parte de ese pájaro que ya no es. Al mostrársela a mis amigos me dijeron con semblanza de ornitologo: "si el mundo fuera regido por las coincidencias entonces los pájaros, en lugar de plumas, tendrían escamas, y tú, en vede dedos, tendrías colgando diez pájaros". Y entonces yo sonreí, como entendiendo el permiso.

Mis amigos siempre dicen cosas así, usando palabras propias de un anciano lleno de sabiduría, eso, o de plano ven muchas películas, de esas rarísimas que por alguna curiosa razón cuestan menos dinero que un buen par de pantalones. Conservé la pluma como si hubiera sido un discreto trofeo del destino, un plumífero regalo que me estaba gritando algo que apenas yo estaba entendiendo. La música de las circunstancias cascabeleaba en todos mis muebles y, no sé en qué momento, me vi yendo rumbo a tu casa, montado en la troca de mi amigo, quien más confiado que yo, me decía con los ojos fijos en el camino "verás que esa pluma es la traducción pajaresca de sus palpitaciones. Seguramente ella está esperándote... se va a cagar cuando te vea llegar".

La plumita está ahora encerrada en una cajetilla seminueva de cigarros, el plan consistía en llegar a tu casa. El barbudo y excomunista señor que se hace llamar ''tu padre'' abriría la puerta de madera oscura, y al verme su gesto sería como entre asquito y recelo. Me daría el pase. Tu puberta hermana me saludaría efusiva, me besaría en la mejilla con los labios apretados y hundiría en mi vientre esos vasitos para flan que tiene en lugar de pechos. Te esperaría en la sala, donde tu madre observa angustiada el noticiero, y para amenizar la espera, bebería una amarga y pastosa rtaza de té. Saldrías de tu cuarto, en pijamas, me mirarías con asombro y emoción (y si mi amigo tiene voz de profeta, entonces estarías toda cagada). Saldríamos a tu jardín que huele a geranios y claveles y tulipanes y margaritas, y yo te daría a ti, Margarita, esa pluma, símbolo de mi hermenéutica desesperación y tú la tomarías con tus manos pajarito, entiendiéndose así todo lo que no puedo ni quiero decirte porque no tengo los huevos, y esa plumita, Margarita, hará que mis miedos se vayan volando.

Estamos llegando a tu casa y mi amigo me dice que todo saldrá bien, le creo. Toco el timbre y tu madre abre la puerta. No me da el pase. No me ofrece té. No llega tu hermana a saludarme restregando su cuerpito sobre el mío. El coche de tu padre no está. Volteo a la calle y mi amigo se fue. Pendejo él y sus ínfulas de profeta.

Tu mamá me está diciendo que te detectaron gripe aviar, Margarita, tu uraño padre, seguramente, está ahora hablando con los médicos. No te podré ver en algún tiempo, Margarita. Voy de regreso a mi casa y un enorme perro negro me mira detrás de unas rejas amarillas. Suspiro con alivio, mi única certeza es que la muerte no se disfraza con cosas tan predecibles.





Abismomnibus

La soledad del llano no es silenciosa. Si uno sabe oírla, se queja como un corazón sediento lejos del agua.
- Jesús Gardea 


El aire de la carretera estaba lleno de polvo. Se escuchaba el crujir de las piedritas siendo aplastadas por los enormes neumáticos del autobus. Al mirar por la ventana, los páramos de hierba crecida donde usualmente alguna melancolica vaca da pasmosos mordiscos a la tierra, ahora se advierten borrosos y descompuestospor ese velo de tierra que se levanta de la terracería.

Daniel, sin nervios, aprieta la rodilla de su novia al tiempo que lengüetea su tostado cuello. La privacidad que ofrece un autobus de noche debe ser aprovechada aun apesar de saberse dentro de una tormenta de arena. El motor tartamudea y un estremecimiento da fin al lento andar del bus. Delante, en el camino, una larga caravana de automoviles serpentea muy lentamente. El chofer golpea con rabia el volante y espeta un sonoro ''hijos de su puta madre'' que los inocentes trabajadores no pueden escuchar porque están desviado a los viajantes hacia caminos difíciles e irregulares.

El dedo de Georgina hace círculos en el peludo vientre de su novio mientras se imagina arribando - con él - a esa ciudad llena de claridad, comprando una casa donde el aire fresco y limpio entre sin obstáculos. Se recarga en su hombre y acomoda con discresión esa cobija que les sirve de censura. Tienen los pantalones a la rodilla pero nadie lo nota.

El autobus avanza solo un poco, el chofer resopla y un bebé comienza a llorar en los asientos de más adelante. Los otros pasajeros van hacia la cabina del conductor para ver más de cerca el caos vial. En las pantallas de la televisión que cuelgan del techo del bus se mueve una película donde se le hacen bromas a los vacacionistas en una playa.

Daniel piensa en su novia mientras razguña delicadamente sus muslos desnudos. Viajan apenas con sus mochilas y en sus carteras solo encontrarán las necesarias identificaciones. Pretenden llegar a esa ciudad humeda y calurosa ciudad donde apenas conocen a unos cuantos amigos que se ofrecieron a darles techo y comida por unos días. Huele el cabello de su novia y piensa que quizás, durante mucho tiempo, no pueda volver a sentir ese olor. Es que el champú es muy caro.

Los insultos del conductor son cada vez más preocupantes. Algunas pasajeras, mas por miedo que por preocupación, le soban la espalda mientras ruegan calma y serenidad. En las televisiones se ve un paisaje tropical al atardecer. Hace veinte minutos que el autobus está completamente estático y la visibilidad es nula.

Georgina besa la rasposa mejilla de su novio y siente cómo algo tibio escurre por entre los recovecos de sus morenas piernas. De haber tenido un viaje normal, hace más de una hora ya habrían llegado. Sonriente y satisfecha da un suspiro y se recuesta sobre el regazo de su novio, suave y carnosa colchoneta que deberá disfrutar porque ella sabe que durante algunos meses tendrá que dormir en el suelo. No le importa y da una ligera y jueguetona mordida por encima de la pierna.

El chofer gira el volante hacia la derecha y pisa a fondo. El monstruoso autobus sale disparado rumbo a la carretera a medio construir, en la maniobra golpea a la troca que le precedía en la interminable caravana en espera. Las mujeres gritan y los hombres gritan por calma. El autobus tiembla como creyéndose avión en turbulencia sobre la irregular carretera. El desquiciado chofer va a ciegas. Georgina se abraza de las piernas de Daniel esperando que el frenesí se disipe. Daniel aprieta contra sí el rellenito cuerpo de Georgína, como un cinturón de seguridad improvisado. El chofer no alcanzó a ver el señalamiento de curva peligrosa dando de lleno con las vigas de seguridad. Volaron 20 segundos sobre un abismo hasta que todas esas toneladas de acero impactaron en el pedregoso suelo.

Todos sobrevivieron, menos una persona. Daniel apretó tanto el vientre de Georgina durante el vuelo que terminó asfixiándola. La salida de emergencia del bus quedó despejada. Una tormenta de arena arrecia y muchas personas se encuentran en lo profundo de un abismo intentando reanimar a una muchacha rellenita y morena. El aire huele a gasolina.






Veintidos de Septiembre del 2011

Heidegger

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 4:59 p. m.

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 No he soltado a mi ángel mucho tiempo,
y se me ha vuelto pobre entre los brazos,
se hizo pequeño, y yo me hacía grande:
de repente yo fui la compasión;
y él, solamente. un ruego tembloroso.
- Reiner Maria Rilke

(Soy un hombre que no lucha por lo que quiere
las manotas de mi padre esculpieron un lobezno
y me lo obsequió la noche de mi primer llanto.
Soy un monumento al silencio
y desafío a los pájaros.)

Está lloviendo y las calles sudan ese olor que hace que se te caigan lo dientes.
Recuerdo un sueño:
el fin del mundo arrecia
y tú lloras cucarachas
rodeada de hombres
cuya lengua es más sucia
que la del diablo.

En la nariz me tiembla un sabor navideño.
En Japón tiembla y la gente se muere.
Qué suertudo soy.

Dudo
y escribo
porque la certeza
me escasea.

Dudo
y quiero responderme
con el suspenso de los acertijos.

Le diré al profesor de filosofía que mi angustia más grande es la inexistencia, yo sé que la muerte se hospeda en mis uñas, profe, y me platica por las noches historias sobre niñas que juegan con los intestinos de papá.

Le pregunto al profesor de filosofía sobre el suicidio y él habla de caídas y cosificaciones, de estremecimientos. Habla del Filipenses 2:12 que dice cosas sobre
temores
y temblores
o algo así.
Y yo sonrío. Ando bien crudo, profe.


En la gran fiesta de las mentiras
nos darán de comer gomitas
con la forma de tu rostro
y luego nos escaparemos 
bailando al ritmo de esos colores
que nos regala la ciudad
cuando se adentra
en la podredumbre de los atardeceres




Tres de Septiembre del 2011

Marea roja

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 1:30 a. m.

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(Éste cuento aparecerá en el libro Trocasutra editado por Urnadedo Cartonera y saldrá a la venta la primera semana de Octubre)


Marea Roja

Ella tamborileaba sus rodillas usando los dedos. Apenas y puede verse las piernas porque el denso vapor ya saturó todo el cuarto del baño. Clava la mirada en el mosaico color ocre que adorna las paredes y suspira más con tristeza que con vergüenza. El asiento del sanitario se hace resbaloso, ella siente esas gotitas de agua que se incrustan tiernamente en el terso relieve de su piel desnuda. Del otro lado del cancél, en la regadera, él arrastra con furia un estropajo hinchado de jabón, lo hace sobre su cuerpo, en el pretexto de músculos que ocultan sus sobresalientes huesos. Una nube de blanquísima espuma censura su sexo. El agua hirviendo sigue callendo como una tortmenta privada.

Él se había desmayado al advertir el ferroso olor de la sangre. Blanqueó los ojos y se desvaneció cayendo secamente sobre ella, en la esponjosidad de sus pechos. Ella, asustada, movió el cuerpo y se sacó a él de adentro. En la fricción sintió una roja viscosidad cubriéndole las íngles. Cerró los ojos y visualizó ese calendario carmesí que todas las mujeres tienen tatuado en la parte interior de los párpados. Maldijo todas las irregularidades que reinaban en su vida.

Él, de niño, encontró a su padre muerto en un caldo de sangre y agua. La cuchilla de afeitar flotaba sin prisa en la bañera. Él no hizo nada, porque su padre era de esos hombres que no les gusta responder preguntas.

Ella pensó que, evidentemente, esas historias no se cuentan en la primer cita. Se encajó las uñas en las rodillas con enojo, como regañándose. Entre el vapor, ella buscó alguna toalla sanitaria dentro del botiquín.

Dentro de la ducha, él piensa en su padre y en lo inutil de la psicoterapia.







Dos de Septiembre del 2011

Ediciones comentadas (Feliz Año)

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 2:55 a. m.

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So don't get any big ideas
They're not gonna happen

You'll go to hell for what your dirty mind is thinking 

- Radiohead / Nude / In Rainbows


(Cualquier error de correspondencia se disculpa con premura y poquita vergüenza)
(Mi voz interrumpirá a tus momias con la irreverencia que se acostumbra, obviamente, en cursivas)
(Qué risa)




Mi nocturno (iririri)
Tenía que escribirlo cuanto antes. Tenía que escupirlo al mundo; pero nunca a tus ojos (porque mis ojos no saben hablar, pero sí saben escupir). Casi se doblaron mis rodillas cuando me los encajaste como dos ajugas de anestesia (Nunca pude terminar de dormite). Casi corro; casi vuelo y casi pierdo mi camino. ¿Cuál era mi camino? Ninguno. Lo voy improvisando mientras tarareo la canción de la tarde.
Y esa prisa tuya y esos pasos ni tan apurados, ni tan tranquilos. Tus manos; como ramas al viento. Y todo se fue quedando, irremediablemente, archivado en mi memoria fotográfica y me dije “no mires atrás” dos, tres y miro, miro y ahí estás, eres sombra de sombras, eres realmente un abismo entre la noche y la noche es tu hogar. (Ya camino más lento porque ya siento que no me estás buscando porque ya no estás. Mis manos, yo te lo dije, son dos arañas que buscan el momento perfecto para matarse la una a la otra. Yo no vivo en la noche, la noche me da muchísimo miedo)
Dije “esta canción nunca la escucharé” y lo hago ahora, instante adecuado, para correr. Antes, nunca fui buena para huir; hoy lo hice y mis manos se cerraron como un cielo con futura tempestad. Golpe en las sienes a cada paso. Golpe…golpe…golpe.
Te lo dije y te lo repito. Te conocí en otro plano astral y eras idéntico (Patrañas. Era más guapo). Tan insoportable, tan nocturno y a veces, pocas veces, tan mío (Mi teoría número 434 es que fuimos una pareja de trotskistas obsesivo compulsivos. Tú me asesinaste porque una noche, al besarte, te enteraste que no me cepillé los dientes). Te amé (pinches conjugaciones); me desgarré mil capas de cebolla por ti y llegué, no, llegamos hasta aquí; otra vez. Sí, aquí, te veo; te escucho y no entiendo, no me entiendes y caemos, caigo en medio de calles y ojos hartos de ver.
El sentir la necesidad de contemplarte y escuchar tu voz del otro lado de la línea, no es normal. Definitivamente, no estoy en las mejores condiciones. Cómo me hubiera gustado otro tipo de encuentro; de esos que emocionan a las cuatro de la tarde; sin ningún tipo de miedo.
Esta noche, ya todo cambió. Todo y todos. (Y vaya...)

11:53 pm
(En Chihuahua Chih, cabe mencionar)


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No es septiembre 

A ti, sí a ti, 
te tengo plasmado en un Septiembre mortal (Lo mortal muere, es finito). Septiembre, nunca me gustó ni el nombre, ni el mes, ni las lluvias repentinas que empapan mis zapatos y me dejan descalza en medio camino. Sin embargo, este Septiembre se formó de espasmos nocturnos; verdades inéditas; verborrea con aroma a Fortuna mentolados (casi los odio, de tanto que los quise) (ya no fumo de esos) lugares sagrados que se vieron usurpados en un chasquido de dedos (el corpus delicti, yo pensaba en la banda de Death Rock, tú pensabas en algo, evidentemente, más sagrado); confusiones que se saboreaban con miel y té de limón; aires compartidos y repletos de virus; ojos inyectados de anestesia y risas que hacían eco en el alma (alma...alma...alma...alma...)
Casi, casi, mi pie derecho resbala por el abismo. Casi, casi, emprendo el juego de busca y encuentra. Casi, casi, me convierto en el destino que nunca me dijeron las cartas. (En la primer tirada te salió El Loco, El Hermitaño y La Luna. Nunca supe quién te regaló ese libro y no quiero saberlo. Yo te dije algo de tu madre y algo de la intuición. Esa noche jugamos al barco que se hunde)
Vainilla que no encontraré, ni debajo de las rocas (Ni en la música de las serpientes). Corajes que no producirán la misma bilis (Con el pollo en chipotle). Septiembre que se ha cambiado de nombre.
Entonces, nunca entendí qué era el fluir; el caudal; el hilo de las cosas; el silencio; mi mano tocando puertas atemporales; mis piernas queriendo ser ramas de bosques desconocidos; mi boca queriéndose comer a las nubes ¡Tonta! ¡Ilusa! ¡Patética! ¡Caos! ¡Caos! ¡Grítame! ¡Recórtame del calendario! (El calendario estuvo en llamas)
Trataré de escribir todo, vaciarme en cada pixel y ser esto, hoy. Dormirme en el nudo de la garganta y no llorar. ¿Tiempo? El tiempo –como lo dije- ni corre, ni gatea, el tiempo fluye como le da la chingada gana (Como miel con bicarbonato de sodio. Entonces yo lavo los trastes en el café egipcio y caigo en cuenta que ya vives en la delegación Cuauhtémoc. Qué dolor, qué dolor, qué pena). Aquí no estamos para peticiones especiales, ni pedidos a domicilio, ni sollozos que parecen más una canción de Mars Volta que un quejido humano (Una vez fuiste a casa de Eric y llovía mucho. Fue como si una repartidora de arañas a domicilio se hubiera equivocado). No estamos ya para dramas –como es mi costumbre- drama que sabe a noche y rodillas en el suelo. 
Te quiero presentar a la niña esa que se llama Jessica y está enamorada de un personaje animado (Shaggy. Nunca te pasé esa imagen donde sale Shaggy con Scooby agarrando una bonga), que se ríe antes de dormir y que no conoce su futuro; que desconoce la toma de decisiones y la mayoría de edad universal; que no necesita la marihuana para abrazarte (pero te lo hacía más fácil) y mucho menos el alcohol (pero te lo hacía más difícil); que hace las cosas a la primera y no piensa en las consecuencias (más gente como esa necesita éste corral). A esa Jessica te quiero presentar, para que te quedes con ella y la sepas cuidar (Regrésamela). Para que la corretees por toda la casa y busquen los huevos de pascua; para que la ayudes a no ser un desastre a sus veintiún años, a no tener tantas fobias, tantos dramas, tantas letras en los ojos, tantas canciones, tantos portazos, tantos corajes, tanta y tanta fantasía, tanto anhelo por algo que sólo ella se cree; para que le quites tantas manías, obsesiones, traumas y adicciones. Por favor y gracias (Palabras de poder).
Soy la egoísta que te dijo todo en una noche (Soy el egoísta que se dejó contaminar). Sí, esa que te congelo en una ventanita del tiempo y se derritió. Soy el efluvio accidental, por que se te olvidó el paraguas. Soy una nomenclatura tan simpática y adepta a leerte entre líneas (Qué maravilla). Y no soy, no soy sagaz; tampoco.
7:03 la hora azul; ya te imaginé (¿Qué estoy haciendo?). No, no estoy haciendo tarea, no, no cuando me sobrevino la hora cero, la siesta de un dios que no se cree dueño de nada, ni nadie. Somos células que chocan (Hice un amigo en Monterrey. Para colmo del azar se llama Iván, y tiene un poema que dice "me entristece saber que no eres más que un montón de partículas en movimiento" o algo así), se ponen en contacto con otras, interactúan, a pesar de sus diferencias, frío, calor, tibio, no importa, se tocan, se esconden, se encuentran en el torrente sanguíneo de alguna avenida con tráfico. Me encontré contigo, porque ya habíamos sido parte de otro cuerpo; de otra vida. (Y para colmo, me sigo creyendo eso)

(Tal vez haga una segunda parte, aun mis tentáculos son muy largos) (Y yo te hice un chiste muy malo en el ticket de un oxxo. Tenía que ver con Back to the future y la menstruación)

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Colectivo  

Alguna vez, también pensó, que ella no fue hecha para huir. Ahora lo reafirma, todos huyen, ponle la palabra que quieras entonces, todos se ¿protegen? ¿Resguardan? ¿Limitan? ¿Cuidan? ¿Cierran los ojos? ¿Se tapan los oídos? ¿Se quedan en el cómodo rincón de su habitación? (todos somos tortugas que no saben qué hacer. Somos tortugas cobardes) Ella volvió a decir: Así no se hacen las cosas. No, no de la forma más común. ¿Cómo no lo predijo? Lectura de cartas (La Rove de la Fortvne, esa mañana me robé tu poema dada y me robé otras cosas), y al final, la carta es para ella. Así no. De cualquier manera, ella no es la que huyó. (pero lo hiciste, y en avión)



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Llaves desconocidas (entonces no las mires a los ojos)
No podré quedarme dormida con la puerta abierta; puerta de mil brisas congeladas. No podré acoger el nombre que me desprenden labios ajenos. Más sin embargo, sí podré revolcarme en el subterráneo que arde en silencio y casi las sombras me arropan con cuidado y detalle, puedo sentirme dentro del espiral magnético y horizontal, como debe de ser, caigo en picada, aun cuando mi cuerpo yace enrollado y expuesto ante las ventanas oscuras de un concentrado atemporal. (y ni la alarma del fin del mundo pudo despertarte)
Escucho, entre ondas de televisión y ecos vespertinos, algunos rescoldos que me toman de la cintura y me arrancan la piel, mientras cierro los ojos y no conozco las letras del nombre que me adjudicaron las huellas, esas que quedaron de las ramas de tu bosque  (dice en la novelita esa "cerca de ti todo es nuevo, es estar en el centro del fuego" entonces qué maravilloso incendio forestal)
El espacio que me roba los pulmones y me dejan atada a esas sábanas que existieron entre mis piernas urgentes (me robaste el recurso de ese adjetivo, sí lo noté). Violentas mi aura que antes rígida, ahora creciente como una luna de octubre.
Deberías arrancarme las entrañas para tirarme en el suelo y no tocarme, a menos de que sean las pestañas de un infierno cansado, antiguo espíritu que se arraiga a mis deseos. Punto. (Puto)
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Disolviendome (Di sol viéndome)
No, esta no es otra nota que te dejo en el buró; ni en la cocina. (Esto, me entero un año después, es un pedacito de tus tripas que todavía se mantiene fresco)
Soy una sombra entre fríos pasillos color sangre. Soy un conjunto de manos que bailan y se regocijan en su refugio corpóreo de tu silueta. Soy montones de frases atrofiadas en la garganta de un diablo que espera desesperado, cansado y con los ojos bien cerrados. (Eres esa urgencia de saberse sangre, silueta y diablo)
Y me dices, y me repites y casi me gritas: por eso me gusta besarte el cuello, a veces como que puedo sentir esas frases (Porque nunca las dijiste ni las repetiste ni las gritabas. Era pues, una aproximación). Entonces, arráncalas, destrózalas y hazlas cachitos, al igual que todos estos susurros que se van juntando en cada parte de mis brazos, ya ansiosos y diferentes, callados como una tempestad nocturna, dispersos, más que una ola en medio de los ojos de la luna.
Soy un espectador que se mira a sí mismo desde el techo de una mente ajena y todo lo ve y todo lo siente como si fuera suyo; se apropia de cada mirada clavada angulosamente en alguna laguna verde y redonda que se esfuerza por callar y no desear tanto. Tanto que es casi pecado. (Una noche, Eric casi me lleva a tu casa, yo iba vestido todo de negro y parecía sacerdote)
Este es el momento en el que debo de callar, debo de guardarme todas las palabras que podrían formar vuelos suicidas. Este es el momento en el que la palabra “nada” engloba todo un mundo y silencioso se va acurrucando en mi lengua y baja, baja, baja y se queda ahí, esperando a que llegues y mediante el proceso que ya conocemos tan bien, te apropies de él. (¿Te das cuenta que sí lo tenías todo planeado? podrás ser lo que sea, pero entre los dientes se te esconde un reloj)
Por cierto, buenas noches.  
(Nunca entendí por qué escribiste esto último, y hasta la fecha, me sigue haciendo ruido)


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Pre-risa de un gigante de porcelana (Nunca me gustó el título, pero no te lo dije, ese día la chica de Bachiniva que va conmigo en la escuela me regaló una bolsa de dulces y te los regalé. Te los comías casi sin masticarlos mientras yo leía esto en voz alta)

Te llevaste la hoja de otoño y las ganas de transcribir el poema mal escrito, mal hecho y mal leído, mal. Te llevaste la hoja y las ganas de abofetearte con palabras amables, sí, amables de amar, de embrollo, de sentimiento, de ¿qué se yo? “eso”. (El verbo correcto es "robaste" porque lo que hice fue un acto de puro vandalismo. Y me río por lo cínica que eres con los aconteceres. Si algo no vivimos que debimos haber vivido, fue que nunca me diste una bofetada)
Ya hace frío, Edipo (Lo hacía, Yocasta). Ya es hora de esconder esos labios que se quieren impactar contra esos otros (Y yo no le entedí a esto, hasta hoy). Por qué te llevaste la hoja de otoño, Edipo (Porque necesitaba esa evidencia que me aseguraba tu existencia). Por qué no hablas más mientras doy vuelos alternos por ahí (Porque no quería aburrirte). Por qué no dibujas mi historial clínico (Porque siempre me aterraron tus pretéritos). Por qué cuándo me conociste entre el caos político de nuestro país en crisis, no me dijiste al oído, te voy a ver en unas décadas más (porque en ese entonces yo era un bigotón ranchero que no creía en la reencarnación). Por qué eres un concepto atemporal que oscila entre corrientes de arte y movimientos revolucionarios (Por Hipster). Por qué me diste ese pequeñito cuadro de azúcar con círculos de acido (Porque no lo quería hacer solo). Por qué te pregunto por qué, si sé que nadie, ¡nadie! Tiene la respuesta (Por neurótica). Ni siquiera esa reencarnación de Cristo en Lope de Vega (El chiste era malísimo y ahora me rio. Me doy asco). No la tienes tú, alma vieja (Yo no soy un hombre de palabras, yo no conozco la historia del fuego). Que somos usados y cíclicos, te digo. Somos el huracán y yo le tengo pavor a los huracanes (también somos lo que perdemos), no puedo mirar hacia arriba porque desaparezco; es que no me puedo mirar a mí misma ¡Aplausos! Lo sabes todo y lo que no sabes, me lo cuentas en voz bajita, mientras me quedo dormida.
ME MUEVO ENTRE EL ESPACIO VACIO DE NUESTRO SILENCIO.
(TE DEJASTE INFLUENCIAR POR MIS ÍNFULAS ESTRIDENTISTAS)
Sí, en mayúsculas accidentadas se ve mejor, es como ese espectacular en el que algún día me verás. ¡Qué fanfarrona! ¡Qué risa! La risa de Dios, somos tú, yo y esto (Porque, efectivamente, si quieres hacer que Dios se cague de la risa, cuéntale tus planes).

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(Y según el gusanito de la hermenéutica, ese último gigante de porcelana fue el que me enterró para siempre. De ahí en delante tus palabras se tornaron enclenques y predecibles. Empezaste a hablar de medusas y de cosas que yo no entendía, y esa ha sido la única cosa que no entendía y no me gustaba.

Hace un año te conocí en los recovecos de las circunstancias y empezaste a fumigar mi higiene mental. Esa noche escribí antes de dormir:
"Los ciegos no se enamoran a primera vista"
 Feliz año y gracias por arrancarme los ojos)


Primero de Septiembre del 2011