Ejercicio III

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 2:58 a. m.

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¿De qué sirve tener el alma bordada a una sombra llena de costras?
¿De qué sirve hornear el aire de tu cuerpo incinerando mi perfume?
¿De qué sirve tartamudear tanta honra en el pergamino de tu torso?
¿De qué sirve mutilar las huellas de mi canto?
¿De qué sirve interrumpir el flujo de tu miel efervescente?
¿De qué sirve respirar bajo tu océano?
¿De qué sirve profetizar infartos con voz de fantasma?
¿De qué sirve tanta risa crujiendo en nuestros rostros?
¿De qué sirve insultar al abrazo que tus abejas me hundieron?
¿De qué sirve socorrer al sol cuando sus dientes se saben sangrantes?
¿De qué sirve memorizar las hebras de amor que se asoman desde tus ojos?
¿De qué sirve perseguir tu beso entre tanta bruma y tanta hierba?
¿De qué sirve invocar tu forma en la pantalla negra de mis párpados?
¿De qué sirve mirar mis manos buscando algun rescoldo de tu rostro?
¿De qué sirve éste continuo atardecer que me atropella el caminar?
¿De qué sirve tu existencia en mis huesos tan carentes de música?


Gracias.

De nada.




Veintiseis de Febrero del 2011

Ejercicio II

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 1:28 a. m.

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a) Keter

Tu sangre perfuma
al cuello rígido
de mi sombra
que intenta
no mirarte

b) Chokmah

Pero ese olor
ríspido
hueco
tibio
no entiende el llamado
que de mis uñas brota
cuando araño tus venas
en medio
de aquel desierto
hinchado de insomnio y hambre

c) Binah

Afuera
el aire se amansa
y recorre la vereda
del infinito.

d) Chesed

El viento
como una canción
mortuoria
acaricia los rincones
que tus huellas bautizaron.

e) Gevurah

Para que sonrias
para que bailes
bajo el ritmo
de alguna palpitación
efervescente

f) Tiferet

Te comparto el ruido
que crepita
desde el fondo
de mis paraisos

g)  Netzach

¿Y si tiemblo en la bruma
de tu silencio arbóreo?
¿Y si el tiempo gime
cuando la noche
se antoja interminable?
¿Y si interrumpo mi propio abandono
para ayudarte en tu disfraz
de abeja invisible?
¿Y si me descontrolo
en el reflejo
que cuelga de tu pecho?


h) Hod

¿Y si muero justo en ese día
donde sus manos son arrancadas
por un infame buscador de tesoros?
¿Y si muere justo en ese día
en el que si brillo regrese
a esa estrella
que asaltó con recelo?



i) Yesod 


Voz de garganta engranada
brota del torso abeja fátua
agujero de manantial sereno
negativo anzuelo de gusano gris
ladran los perros de tus pies
caminando solemnes
hacia los límites del jardín
colgante
que se entierra
como cadáver aun tibio
en la arena.

Grande obelisco de roja piedra
en el borde del diluvio
pantocrator
elevóse el señor de los gritos
cielo picoteado
el buitre de leche amarga
sobrevuela entre el vapor
nubes con garras de hierba
cielo obstruído
pecadora risa de mujer serena
recuerda el nombre de la llave
y la filosa forma de su cuenco
tripartíta.


Un miedo trepa por la pirámide
punta de flor derretida
agreste campo de sol con lengua
el monte se hinca en la claridad
rodillas de hielo carbonizado
el monte se adueña del infierno
solo para ver qué pasa
la ciudad amanece
el futuro se infarta
asombrado recuento
manada de pétalos.

j) Malkuth

algo me mira la nuca
mientras escribo
este alarido
hecho letras.


Veintidos de Febrero del 2001

Ejercicio I

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 8:05 p. m.

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Qué fastidio,
qué frecuente es
la manía de lamer el fuego
cuando nuestra lengua
toma ese infantil impulso de hacerse
hierba
o nube.

Una verbena de moribundos complejos,
el vacío curvado que se introduce
- en frío -
hacia un campo todavía jadeante.

Pero me muero.
Me muero ciego.
Me muero en tu mente de pájaro moribundo,
de fruta en su ataúd de ébano y roble frágil,
fruta enterrada que baila en la muerte
de la tierra que la abraza,
tierra que quiere morir
porque cuando respira
infla la piel de algún amanecer,
y cambia la mueca dolorosa
de ese aroma rosado y antimuerto,
que hace que a la muerte
le de hambre y se esconda.

La muerte se agazapa en algún árbol
donde cuelga alguien que estuvo triste,
y de ese colgado gotea algo púrpura,
y quema,
lo juro,
quema,
pero no me mata.

Gota tras gota,
alguien grita en el monte,
en la calle,
en el edificio,
en la hacienda,
en el sótano.

Algo se mueve dentro de la muerte,
algo con dientes,
algo que no sabe hablar.

Algo dentro de la muerte
se desviste
para cambiar todo lo que algo,
alguna vez,
en el monte o en la calle o en el edificio o en el cielo,
fue un muerto.

Esto no es ningún ejercicio triste,
no es una invocación desvergonzada.
Es
más bien
el equivalente a una rana zambulléndose en la lava,
el niño comiéndose sus propios dedos,
el suspiro antes del despertar,
el beso con viruela,
el chubasco de perfume invisible
el caminar flotante de mi equivalente
el extravío de mis uñas en la sopa
el indigno brillo de una neumonía
el desayuno, la comida y la cena
                     [en un orden casi fulminante]
el arcoíris parlante
                rojo: adentro de la voz del enemigo un miedo se camufla entre flemas y aire
                naranja: ondula mi ventisca con tus brazos de sirena ardiendo
                amarillo: porque mi piel se cae cuando de tus pasos se levanta aquel fantasma
                blanco: lavé tu sombra
                verde: se mi sed
                azul: un amigo mudo se asoma por entre mis dedos
                violenta: correr hasta hacerse polvo, hacerse polvo para no poder correr
el funeral del desierto
el amor
el amor encajonado
el amor que se absorbe
el amor que migra
el amor sepultado
el amor sin brillo
el amor más secreto
el amor a cucharadas
el amor como costra en la mirada
el amor que el viento tatúa en tus piernas
el amor que viaja por mis venas en forma de grito
el amor que es música de abandonos
el amor que no quiere ser amor
el amor que se quita las vendas y muestra el eco de algún otro dolor
el amor frío que besa con todo y humo
el amor buscando piel

Mañana tomaré tus palabras
como el decreto infalible
de algún rey desesperado.



Dieciocho de Febrero del 2011

             

Pastora

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 1:05 a. m.

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Imagíname caminando por la noche,
sonriente,
con los labios todavía persiguiendo
el ave de tu olor.

Otra cosa
me sustituye
el pensamiento,
[por ejemplo: una frase que se anida en ese espacio tibio
que se forma entre nuestras manos
que dibujan en el éter de ese desierto
alguna risa o
el gemido insatisfecho
de una tardanza precisa]

Otro aletear de manos
y mi mirada busca la tumba
de alguna mueca que regale evidencias

Mis ojos que retroceden.

Mis manos que tiemblan como si tocaran un cadáver todavía humeante.

Mi voz que ya no escoge las palabras
sino que las dispara bajo el riesgo
de armar algo que no funcione.

Todo lo que se creía enterrado en las piedras de lo antiguo,
en los palacios olvidados,
en el rincón bombardeado de la belleza y la magia
está rascando
(de adentro hacia afuera)
con uñas de estátua de perro
toda esa tierra empapelada
en relojes y plumas.

Yo hablaré de ti sin pudor
porque existes
en ese mundo donde mis historias
son más bien adivinanzas
o juegos de beso y parpadeo.


Vomita y duérmete.


Tu nombre
de epíteto
increible
me persigue
con tanta alegría
que de pronto
algo lleno de risa
dobla el tiempo.

Estoy vivo.

Catorce de Febrero del 2011
(no hay coincidencias)