Canto a las arañas (Concierto nupcial para hijitas de la chingada)

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 11:21 p. m.

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      A) Preludio: Gesticulación discreta en Mi Mayor

        ¿Qué sé yo? es una suerte de frío plateado el que me recorre todas las aristas de mi espíritu, como un vaivén agusanado que se arrastra por el empedrado de mis zonas magnéticas y ahoga todas las flores que mi niño añejado en fuego recolectó con una ansiedad casi erótica o cíclica.
        Un aro de bruma se abalanza sobre sí mismo. Espantoso ritual de implosión yuxtapuesta al gracioso rebote de tus palabras (escasas) ante dos oídos tapizados por telarañas desalojadas. Tú, tarántula de ojos en guerra, que nació de una licencia manchada de suerte, por favor, duéleme pronto, árdeme en las noches y hazte dueña de mis silencios porque eso todavía abastece los cuencos de mi carcaj mental, todavía el silencio hincha la hombría tatuada en mis hombros; a veces pesa tanto, arañita, pesa tanto que de vez en cuando me invaden unas esquizofrenicas ganas de saberme marco de espejo, o un espejo mismo para que tus patitas - roídas por el alba de otras ciudades - no encuentren en ésta absurda inmediatez algún pretexto que tienda a predisponer de tu veneno o de esa piedra cubierta de hierba furiosa que resguardas en el rincón disonante de tu abdomen, ese valle casi arquitectónico, en tu cuerpecito de araña camaleónica que reta al sol con voz musical para luego dormir bajo tierra en ese palacio de tabaco y duraznos.
       Resguárdate, arañita, de ti misma, para que cuando te aburras de ésta vida tan llena de gente que no te entiende no vayas a acudir a ese urgente Onán kamikaze que te sonríe con labios de estrofa irregular e hipnotice ese radar que adorna tu cuasiroja coronilla a modo de tiara o de casco o de aureola. 
       Santa araña, líbrame de ti y de mí y del sueño... ese pastoso océano que me remite - invariablemente - a tu forma humana

      B) Crescendo: Flores con garganta de perro entonando en Fa Disminuido. 


       Más o menos por ésta vía, arañta, te presento la sangre humeante que nace en el fondo del lenguaje, sólo más o menos así lograré simplificarte la manía empapada de amor y sal que sazona el más o menos realista sentido de adjetivación que me callo o grito entre parpadeos o suspiros camuflados en risas más o menos honestas; además de ésta jaqueca de índole amorosa, también recuerdo ése diminuto destello que tus manos segregaban a velocidad de beso, pero no cualquier beso, hablo de aquellos besos reducidos a llantos de sepelio o alaridos de infantes extasiados ante un humeante plato de carne y arroz.
       Yo pienso en tu brebaje quiromaniaco que tantas noches me sirvió de ungüento para el alma y me evocaba un placer tan paradójico como de quien se acuerda de un hueso roto o el picante adormecimiento que se sufre al dormir con el brazo bajo el cuerpo; quizás esa agua de nervios o deseo era el canal donde mi luz canina se ahorcó dándole fin a tu tiranía aracnida en Jesusópolis ¿y sabes qué pasa? ¿alguna idea cruza tu cerebro de seis patas como las moscas que engulles siempre a las tres de la tarde? pasa, arañita, que la gente de mis entrañas se come a sí misma, me desaparecen, me emulsionan a algún mundo ajeno lleno de penínsulas venenosas e insomnios de tiempo récord.
       Pero no importa, de verdad no importa, y no digo todo ésto con la pueril entonación de quien se siente abandonado en un mundo lleno de colores y formas. No importa. Ya no me importa.

       C) Sonatina disonante y poco ortodoxa en destiempo con las palpitaciones de los espectadores.


        Casi me encuentro a mí mismo, y digo casi porque lo único que advertí fue ese brillo afilado de mis pestañas cuando los ojos se abren mucho por algún escalofrío de aquellos que recorren las carreteras de la espalda como caracoles de hielo y miel, pero una miel amarga, donde ni las moscas quieren postrarse, sí arañita, ni las moscas que con urgente ardor engulles en la mitad de la noche como si fueran las últimas pelotitas de venas negras que sobrevolarán en tu inalcantarillable existencia. No son las últimas. No mires a la cámara con ojos de astucia inexorable. No mires a la cámara con gesto de madame easylife y no bailes cuando me pongo de pie para huir de tu cuenco hedonista ambientado por aviones hechos trizas y recibos de multa de biblioteca.
         No me puedo enfrentar al reflejo del cielo, o de las paredes, o de mis manos, o de mis onomatopeyas espontaneas que surgen de la flor de mi lengua y, sin piedad, se estrellan en la boca de mi esófago para no salir jamás, para que se queden ahí como evidencia de un historial donde la araña más venenosa del mundo imprimió su sudor laxo y aduraznado en este cuerpo tan ausente de permanencias, en este esófago tan corroído por todos esos torrentes de aire y palabras que alguna vez se formaron y nunca salieron. Bola de pelo. Y es que vengo cayendo en cuenta que vivo dentro de tu terror, vivo en una casa de espejos sin un padre que me aterrice en el secreto de huida, por eso huyo hacia lugares peores, siempre termino en algún islote lleno de magma estruendosa o en cierto callejón lleno de niños cubiertos de nieve que se encaminan a sus hogares, y no me invitan, no me invitan, araña, duerme conmigo.
     
 (Silencio... se afina el octobajo a manera de solamente poder ser escuchado por aquellos que cuenten con implantes cocleares. Cambio de ritmo, prestissimo, los violinistas se masturbarán a ojos cerrados)


        Ríete de todo aquello y despilfarrame tu pasado. Recuérdame cuando apenas eras poema y yo no te conocía. Recuérdame esa sonrisa metálica que abrúptamente preguntó mi nombre en esa ensangrentada tarde de un octubre todavía ajeno a cualquier drama a las afueras de un teatro, ajena al masticar de comida innecesaria para el alma (¿De qué me sirve comer si tengo mis propias manos?), ajena a todos esos movimientos repetitivos que nos alejan axialmente de un centro que algunos llaman indiferencia o coincidencia o maldición. Desgraciada rueda de la fortuna. Ya ni mis veintidos consejeros pueden contra tu librero escaso de mí, escaso siempre de mí.
  

D) Réquiem por todos los que nunca recibieron un réquiem (excluyéndote) en Sol Menor.


       Te podré saludar de mano
                           pero antes
              límpiatela

E) Adagio suicida en La Sostenido (Sostenme hasta en tus mentiras)

No necesito permiso para matarme

No necesito permiso para matarme
No necesito permiso para matarme
No necesito permiso para matarme
No necesito permiso para matarme
No necesito permiso para matarme
No necesito permiso para matarme
No necesito permiso para matarme
No necesito permiso para matarme
No necesito permiso para matarme

F) Tarantela para tarántulas en Re con Séptima 

       Entre tu espalda hubo, alguna vez, un sin fin de grietas de donde brotaban las mariposas más hermosas del mundo. Las centenas de ciudadanos se aglomeraban alrededor del altar donde encorvabas tu delgado y emblanquecido cuerpo para comenzar a expulsar esas maravillas aladas que provocaban el llanto de hasta el más valiente.
      Te digo, mi niña, cierto día yo tomé una de aquellas que sobrevivió so pena de morir en la horca... ¡acuérdate! tus frutos entomológicos eran igual o más venerados que tu misma humanidad. Un día de verano un muchacho enamorado robó una de las mariposas enclaustrándola en el vacío perfumado de su sombrero, emocionado y feliz fue a la cabaña donde su novia vivía y antes de dar el tercer "toc toc" una jauría de perros entrenados lo embistieron y devoraron mientras que, los policías, con la baba brotando a galones de sus hocicos, veían esa mariposa (todavía oliente a ti) elevarse por el cielo y perdiéndose entre el humo de las chimeneas.
     Me arriesgué, y es que en ese tiempo yo no estaba enamorado de ti, ciertamente tu espalda y sus ensangrentadas grietas me provocaban una fascinación que rayaba en lo hipnótico, pero de algo estoy seguro, yo era el único en todo el pueblo que miraba tu rostro y el tímido colgar de tus pechos. Tu cuerpo, perpendicular al otoñal suelo de aquél pueblito de nombre impronunciable, se balanceaba entre cada arcada de mariposas que tu espalda sufría. Pero nadie veía tu rostro. Cierto jueves (el ritual se llevaba a cabo, sin falta, cada jueves. En algunas ocasiones se cancelaba porque tu producción de mariposas se veía interrumpida por algún proceso hormonal que ningún doctor pudo explicar. También en algunas ocasiones, te brotaban las mariposas los sábados. Cuando ésto ocurría, todo el pueblo vestía de púrpura y negro para celebrar tal evento, lo curioso, mi niña, es que tus mariposas sabatinas tenían sólamente un ala) me percaté que tu rostro y el vaivén de tus pechos me provocaba algo todavía más poderoso que el surgimiento de tales insectos, algo comenzaba a formarse en ese espacio sin nombre entre el pubis y el vientre. 
     Y entonces ¿sabes qué hice, mi niña? le comenté lo anterior a mis amigos con la fe de que lo tomaran con indiferencia. Grave error. Con una furia casi personal me acusaron con el sacerdote del pueblo y fui castigado con seiscientas sesenta y seis horas de trabajos forzados, además de impedirme ver tu ritual de drenado. Sufrí  como quien sufre la muerte de un perro callejero y durante seiscientas sesenta y seis horas lloré tu ausencia, sí, tu ausencia, porque a pesar de ser uno más en ese pueblo de los que te consideraban una estatua viviente, mis ansias de descifrar la ecuación de tu rostro se me volvieron contra mí mismo traicionándome y orillándome a hacer lo más arriesgado que hice en mi anterior vida. Te contaré.
     En mi cabaña yo contaba apenas con lo necesario, no por pobreza sino por una falsa modestia de la cual ahora, en éste plano cósmico, me arrepiento. Apenas un futón de pluma de oca, apenas un pequeño mueble de madera de ébano donde guardaba mis tres ropajes (el nupcial, evidentemente, nunca lo usé. Acuérdate) y un estufón de acero oxidado que crujía con el frío de las noches y me espantaba el poco sueño que rara vez podía conciliar. Debajo del futón había tres cosas, siempre las mismas tres cosas, quizás para hacerme una compañía metafísica que todos los Tauro tenemos ¿qué sé yo?, el problema (¿problema?) es que debajo de aquél finísimo colchón siempre guardé tres cosas: la última carta de mi padre, una fotografía con textura acartonada de uno de esos jueves de mariposas y un delgado cuchillo como de defensa que, según me afirmó el herrero, era capaz de cortar la piel más áspera. Era un cuchillo lo suficientemente delgado como para no crear protuberancias en mi colchoneta, de mando color ocre, brillante, me encantaba ese cuchillo. 
    Cierta noche, mi niña, desesperado por no poder ver tu rostro, tomé una última resolución. Con un cuidado casi maternal levanté el futón de su cuenco de madera (también de ébano) y ahí seguían, mis tres tesoros. Leí la carta de mi padre, no sé, dos, cinco, quince veces, para luego, llorando y sonriendo, ensalivarla y engullirla. Después de que el terroso sabor de la carta se esfumara, tomé la enorme fotografía y lamenté mi poca capacidad con el dichoso aparatito (Tú y yo sabemos, mi niña, que lo mío nunca fue la foto) porque no enfoqué tu rostro y de tus pechos apenas se advertía un rosado y discreto destello de lo que tal vez era tu aureola de niña grande. Deposité la enorme y gruesa foto en mi morral y sin pensarlo dos veces tomé el cuchillo. Inseguro quise probar su filo y un imprudente movimiento (¿inconsciente?) de muñeca hizo que me rebanara, por lo menos, medio centímetro de mi anular izquierdo. La sangre caía pasmosa y sin prisa sobre mi suelo de tierra aplanada formando, segundos después, un continente rojo, rodeado de islotes que parecían furiosas cerezas rojas. Vendé la herida y salí a la calle, eran las once y media de la noche del jueves.
     Salí del pueblo y me encaminé a tu altar. Desde años atrás algún millonario, enamorado de tus mariposas, mandó a construir una hermosa vereda que encaminaba al pueblo hasta tu púlpito. El camino empedrado estaba decorado con enormes jarrones repletos de flores que eran cambiadas cada que empezaban a marchitarse. Esa noche las flores se sentían ajenas al mundo, incluso a ti. 
    Al llegar al fin del camino una pequeña verja forjada en oro puro separaba la vereda de tu altar circular, tú dormías desnuda justo en el centro, encorvada, todavía con la espalda en carne viva. Algunos charcos de sangre seguían líquidos, yo digo que la luna impedía que se coagularan en la grisácea piedra del suelo, pero era solo una superstición mía. Me quedé ahí, contemplando tu sueño como quien mira a un león bañar a sus crías. No debí observarte por mucho tiempo porque, casi de manera súbita, el miedo me golpeó el hígado. Si alguien me llegase a ver ahí, seguramente se armaría la grande en todo el pueblo y terminaría atado a una estaca, desnudo, cubierto de escupitajos y con un cruel fuego quemándome lentamente. Así que me decidí.
     Sin dificultad brinqué la dorada verja, no quería hacer ruido, no quería despertarte; creo que soñabas porque hacías ruiditos que venían desde tu garganta y tu dedo anular temblaba ligeramente. Yo te miraba mientras del morral sacaba el cuchillo, yo te miraba mientras del mismo morral extraía un frasco grande de aluminio y lo abría (esa misma mañana fui al lago que abastecía al pueblo ¿recuerdas los grandísimos olmos que regalaban sombra a orilla del agua? deberás también recordar que, de las ramas de ese monstruo verde, siempre caían diminutas larvas amarillentas que los niños gustaban de aplastar por el chusco sonidito que provocaban. Nunca nadie supo más de esas larvas, o más bien era indiferencia, la gente se limitó a decirles "larvas de olmo". Quizás por decidia o cierto asco nadie nunca investigó a los pobres bichitos, pero eran larvas muy bonitas, mi niña, muy bonitas) y en mis manos escurrían una decena de larvas de olmo, viscosas y escurridizas. 
      Te moviste un poco, yo asustado pensé en correr a refugiarme detrás de una de las estatuas que algún artista te construyó con el afán de sentirse útil. Pero no pasó más nada. Desnuda y dormida me ocultaste las heridas de tu espalda. Boca arriba roncabas bajito y con la boca ligeramente abierta. Tus pechos se elevaban  y descendían como dos montañas bajo un terremoto piadoso, tu vientre temblaba y tu sexo, estático como mis ojos en ése momento, me recordaba que tú, en ese momento, eras la mujer más hermosa en el universo.
      Quitándome la camisa me recosté a dos metros de distancia tuya, con mano temblorosa tomé el cuchillo. La primera incisión no dolió, quizás porque mi cerebro no creía (en su estúpido contexto de nuez flotante en líquido) capaz de ordenarse a sí mismo hacer tal cosa. La segunda ardió y la tercera fue como si la muerte me respirara su aliento helado justo en el ombligo. No grité para no despertarte. Ayudándome con los dedos abrí todavía más las heridas, me sentía mareado. Levanté un poco la nuca y vi como la sangre escurría de mí mismo y se mezclaba con la tuya. Tu altar olía a durazno con hierro.
      Con las larvas de olmo todavía convulsionándose en mi mano izquierda, hago una cuarta y última incisión, profunda y de tajo. Grité. Maldije en mis adentros y quise llorar cuando vi como apoyándote en tus brazos de hacha de ángel te levantabas para investigar quién interrumpía tu sueño. Tus ojos bailaron entre mis ojos y mis heridas, no había gesto alguno, solo me mirabas. Rápidamente - y antes de morir - quise introducir las larvas en mis heridas. Antes de que tú gritaras, antes de que alguien llegara, antes de que amaneciera. Levanté mi mano izquierda y antes de presionar a los también agonizantes insectos contra mi mutilado pecho, tú me tomaste de la muñeca, con suavidad la regresaste al suelo. Yo lloraba. Sentía el tibio estupor de la separación cuerpo-alma, lloraba y me sentía ridículo al imaginar mi delgado y desnudo pecho cubierto por una costra de sangre cuasimuerta. Simplemente quería gustarte. Perdí fuerzas y mi puño se relajó por inercia, todas las larvas se arrastraron sobre nuestra sangre creando caminitos grises, totalmente arbitrarios, totalmente imparciales. Me moría.
       Me sonríes y te levantas. Mi llanto cesa como cesa el llanto de un viudo al ver el fantasma de su mujer. Expectante miro tu desnudez, láctea, de mármol. Me das la espalda y con cuidado depositas tu cuerpo sobre el mío. Tus heridas (siempre frescas) chocan contra las de mi pecho, tu peso sobre el mío. Un grillo canta y el aire helado hace que tu olor se arremoline en mi apenas respirante nariz. Mis heridas reciben a las tuyas y una fuerza parecida a aquella fuerza que nos eriza la piel provoca que nuestras incisiones se adhieran entre sí. Tú ríes como la niña que nunca fuiste, quizás sentías cosquillas, yo levanto, con la poca fuerza que tu cuerpo me rascó, mis dos brazos para enlazarme en tu cintura, y así, morir contigo encima de mí y mis heridas.
     No, mi niña, miento, no morí. Me quedé dormido. Y desperté un nueve de septiembre del dos mil diez. 



G) Pieza inmediata en Re Mayor. Despedida de los músicos y levantamiento de cadáveres.



Feliz Cumpleaños




28/10/10

Cinco, siete y cinco no es lo mismo que cinco, cinco y tres (Avalancha de Haikus que destrozan el suelo)

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 1:13 p. m.

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Con tu entrada, ardí
se rompieron las huellas
de cualquier lluvia.

Sin saber de ti
me armé con luces blancas
derrotándome.

Tan tranquilo el mar.
No te conozco, ni a él,
ni a la música.

Déjame dormir
con tu sombra fundida
en mis cobijas.

Jugaré al muerto;
mis pies serán dos flores
ensangrentadas.

Yo quiero hacerte
con mi sangre un vestido
que te haga volar.

No hay que temerle
a ese ínfimo segundo
antes del beso. 

Tanta ceniza.
Mis manos se derriten
sobre tus flores.

La noche advierte
un parpadeo de lilas,
y entonces... tu voz.

Al acordarme
me recuesto desnudo
sobre la nieve.

Quiero buscarte.
Quiero esconderme en tu olor.
Quiero funcionar.

Te me escapaste
y sin más preámbulo
desaparezco.

En la brevedad
déjame gritarte algo:
hija de puta.

Ya habíamos visto,
ya habíamos desgajado
el color del sol.

Fuimos dos nubes
arrastrándose laxas
hacia los sueños.

Antes de morir
quiero que tus dos manos
cierren mis ojos.

Todo este dolor
no es mío, es del niño
que reina en mi ira.

Eres la niña
que con el alma ciega
muerde el olvido.

¿Y si mi enojo
silencia a los meses?
Está pasando.

27/10/10

Camilo

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 1:01 p. m.

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Ven por favor
mírame
mueve la cola
y haz como que soy de los tuyos.

25/10/10














Un día
tendrás mis huesos
en tus manos


2:15 P.M.












Este dolor no es mío
es del niño
que reina en mi memoria


2:26 P.M.


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Carta a los autómatas.


      Por medio de la presente me comunico con ustedes, los lectores de éste blog; cuyo asedio casi morboso ha mantenido vivo el interés por mantener éste proyecto con vida; cuyo interés abnegado y casi no-egoísta ha hecho que todas estas letras cobren vida y casi sentido. Me dirijo hacia ustedes con la firme y ya muy pensada decisión de comunicarles algo que, espero, cambie el rumbo del por qué de sus lecturas.
     Dentro de mes y medio será ya un año que este ritual comenzó, esta celebración del inconsciente donde, bajo el pretexto de un blog, alguien ha desnudado hasta el más mínimo de su sentir con el único propósito de mover cabezas o corazones o llantos o suspiros o risas o evocar cualquier identificación que ésto pueda hacer surgir de su páncreas. Todos ustedes son los pájaros con los colores más hermosos. Sin embargo, el curso que ha tomado la vida me hace tener que soltar una bomba que muy probablemente hará que muchos manden al carajo esa pequeña costumbre de entrar a leer algo, algo mínimo. Un secreto siempre rondó cada textito que aquí se ha publicado, secreto que hoy, a mí, Jesús Alberto Carmona Robles, me ha llevado a un grado de decir "a la mierda con todo".
      Ese secreto en cuestión es que, yo, Jesús Alberto Carmona Robles, no es el autor de absolutamente nada de lo que ustedes han leído aquí, excepto ésta carta.
     No es ninguna metáfora pinchurrienta ni mucho menos una evasiva. Todos los productos pseudopoéticos o cuasicuentísticos no son de autoría mía, sino de una persona que, desde hace un año, me proporciona lo que él elabora para que yo lo publique en un infantil y bastante enfermo afán por mantener un anonimato, yo accedí por amistad, morbo o quizás por el simple hecho de saberme útil. Ésa persona (cuya identidad estoy seguro que algunos de ustedes podrán saber) me ha hecho saber que ésta falacia ya se fue a lo grande y es por eso que, de igual manera, accedió a dejarme publicar ésto. Y eso no es todo. Ahora yo, Jesús Alberto Carmona Robles, seré quien maneje, administre y regule éste dominio de internét. 
    Reitero, ésta no es ninguna metáfora súper rebuscada ni un apacible intento por darle a ésto un giro trascendente, es algo que tenía que pasar. Yo solamente fui un intermediario entre ésa persona y todos aquellos que [hasta donde yo he podido ver] han quedado ya como "seguidores" de éste blog [y si no me creen, accedan al Real Time View de visitas en el cuadro titulado "sé de dónde vienes"]. Al autor original (¿o intelectual?) del blog le importa poco o nada la cantidad de gente que entra aquí y lee, eso ténganlo por seguro, y ahora que el blog queda en mis manos no sé qué haré con él, no sé si lo llenaré de pornografía, o intentaré subir mis textos propios, lo dejaré en el olvido o lo daré por cerrado, no sé porque esto es nuevo para mí, porque me metí en un juego que quizás me quedó grande y a esas cosas yo no sé jugar, con las identidades no se juega.
    Ésta carta la comencé a escribir la noche de ayer, es decir, 24 de Octubre del 2010 y éste párrafo lo comienzo a las 7:07 PM del 25 de Octubre del 2010. En la mañana tuve una conversación con el autor original del blog y me permitió decir su nombre y cómo localizarlo, por si alguien está interesado en seguir leyendo lo que él hace. He tomado la decisión, también, de seguir con éste blog quizás de una manera un tanto más rápida, intentaré convencer al autor de que me siga proporcionando sus textos porque, lo digo de la manera más humilde que puedo, yo jamás podré escribir como él.
     Así termino ésta carta y termino también ésta mentira, espero que el índice de visitantes no decaiga, realmente lo espero porque, a pesar de yo saberme totalmente ajeno a todo lo que aquí se ha escrito, siempre me hacía sonreír el hecho de saber que lo que yo simplemente copiaba y pegaba, era leído, por algunos momentos, realmente, me sentía atendido.
    El autor original de todas las entradas de éste blog es un estudiante de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua, su nombre es Jesús Alberto Carmona Robles y tiene dieciocho años de edad. Lo pueden encontrar ahí en su facultad, usualmente está fumando y riendo. Siempre parece que anda buscando a alguien.



Sin nada más que explicar o aclarar, doy por terminada ésta carta y espero, realmente espero, que los textos que verán en un futuro, es decir, los de Jesús Alberto Carmona Robles, sean de su agrado.


Atte: Jesús Alberto Carmona Robles
Chihuahua Chih.
Octubre del 2010.
    


Jesusa, ese imán de agua enterrada. A) Despidiendo todas tus hemorragias.

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 12:40 p. m.

3



(A.Denurp / "Un perro que destruye un historial de luz" / 2010)


La diferencia en el momento,
un latido que resuena en los tímpanos del tiempo.
Debajo de mi piel hay un historial de idilios magnéticos
que quieren hacer de ti una muñequita de acero para que
con violencia
vueles a través de la calle
y te estrelles incauta
hacia mi organismo silencioso y suave
hacia mí
y que tu carne desampare hasta al más arrepentido de los pasados
y explotar aviones
bajar a las nubes para que te las comas.
Yo haría tantas cosas...
pero soy flaquito
como una espiga de muerte que se incrustó en tus ojos
(y en tus ojos estalló una guerra de septiembres mojados
y Octubres resecos)
yo no soy un hombre de palabras
yo no conozco la historia del fuego
yo no vivo en el diámetro de la música
yo me baño a diario
y de nuevo se me arremolina aquél miedo 
de levantarme por la mañana
y cepillarme los dientes con mirada estoica,
casi impertinente.


¿En qué te metiste?
¿en qué me metí?
afuera un enjambre de ridículas muertes me embota el cerebro
yo también quiero recostarme y sentir tu mano en mi rostro
mojarme el rostro con el miedo que destilas por tus poros
mojarme el alma con el miedo que destilas por tus poros
mojarme el cuello que está hinchado de gritos
e insultos
hacia ti y el mundo.


Un perro se prensa de mis córneas
para destrozar todo un historial de luz, llantos, huesos y venas
¿Te paso su número? 


22/10/10



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"Ella salió corriendo del espejo
de la concentración del perfume
Rosas rosas
la voz que alentaba el Edén"

- Faulkner


1:54 P.M.

Esperar

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 9:16 p. m.

1

¿De qué me sirve todo esto?

21/10/10






¿Qué pasa con las hormigas cuando llueve?


9:25 P.M. 






¿Y qué es exactamente un sueño?


9:32 P.M.




Hay un lugar
en Oceanía
donde el viento es tan fuerte
que cuando llueve
el agua nunca toca el suelo.
Nunca.


10:41 P.M.




Me dueles casi tanto
como la cicatriz
de la que te burlas.


11:15 P.M.




Voy a soltar la cuerda.
Ésto es mío
no importan los muertos.


11:52 P.M.

Haikus para mí (Porque yo también merezco cosas lindas)

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 2:05 a. m.

1

Imagínate,
si no fuera por ella.
Nubes de noche.


Tu cama muerta
en el frío de sus cuerpos
se mueren en ti.

¿Cómo se llama?
Unos le dicen Janice
y otros: araña.

Ya pude entender
¡Qué maravilla!

Me gusta el haiku
porque es la única forma
en la que pienso

Allá en su casa
dejaste trozos de piel
sabor vainilla.


Tecnológico,
doblas en Juan Escutia.
Jorge Negrete.


Nací mordiendo
Nací creyéndome Dios.
Crezco sonriente.

Mis perros piensan
la estrategia perfecta
para curarme.

Anonimato.
El hacerse el dormido
en la inundación.

¿Por qué en septiembre?
pues para enrojecerse
y tomar fotos.

Tartamudeo.
Mi plan de hacerme viento
se nos escapa.

Te quiero mucho.
Y a ti, te quise mucho.
Te pude querer.

No volveré a ver
una mezcla tan veraz
de éxito y semen.

Déjame llorar
sentado frente al árbol
donde te encontré.

Gemías tan lindo.
Entre muerta y despierta,
flor de amatista.




19/10/10








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Y todos sabemos que vértigo, en griego antiguo, significa "miedo que raya en lo enfermizo".
Lo bueno es saber que todos tenemos vértigo de vez en cuando, todos somos malos clavadistas y a la vez todos somos profundas lagunas de pretéritos. 


11:52 P.M.

Janice

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 12:38 a. m.

0

Y Janice se le anochece como cuando entreabre los párpados para ver el rostro de él mientras lo besa y Janice propone el nuevo juego de la vida enseñándole las bondades del silencio y Janice baila con él con brazos y cuello lento y Janice se deja besar el cuello para liberar cualquier amanecer atropellado por cartas protomagdalenicas que lloran vocecitas crujientes que degollan cualquier "ya mero" y Janice sonríe para calmarle a él sus ansias de tierra perfumada y Janice se esconde entre los nombres de su dueña para justificarle a él una incesante lista de imperfecciones que solamente terminan dándole más brillo a sus ojos y Janice se recuesta de espaldas a él para llamarlo en algún idioma de miedos y menta y Janice le pregunta sin mirarlo a los ojos ¿qué es apropiarse de los elementos que facilitan el entendimiento del mundo por medio de la información? para luego recostarse en la espalda del mundo avisando el preámbulo de besos entre terremotos de muerte y autos crujiendo el ras de la tierra donde ellos dos viven y Janice le pide a él que hable y Janice le pide a él que calle y Janice tiene muchos bichitos en su garganta que quizás a la larga le impidan decir esos noes o esos síes o esos cállates o esos ayes y él quiere arrancarle a mordidas esos bichitos y ahogarlos en algún caudal de sal y exhalaciones y Janice le plancha el jueves y luego a ver cómo se arregla y Janice lo quiere rojo cobrizo y Janice lo vuelve loco y Janice le platica de serpientes y escaleras y cajas y galerías improvisadas y señores con gabardina y techos con más estrellas que ésta pinche ciudad que Janice tanto mastica y le hace hacer muecas y Janice tiene un hermanito que se desprende los dientes y él no se quiere desprender de Janice porque Janice reconfigura su manía de sentirse invisible en éste mundo lleno de calendarios y dioses de piedra y Janice con vestido es el quintuple de linda y Janice tiene piernas bonitas y Janice canta y Janice se ríe de las malas traducciones y Janice quiere cambiar al mundo sin darse cuenta que cambió el mundo de él y Janice hace aracles por esos estudiantes muertos y Janice no se llama Janice y él no se llama así y Janice desprende un olor tan milenario que marchita a todas las flores del mundo, o no, se suicidan porque quieren oler a lo que huele Janice y Janice ríe soberbia y Janice habla de marcas de perfumes y de frascos y de su padre y de su tía con casa de techo de universo y Janice se cepilla los dientes y él quiere ser ese cepillo y él se roba ese poema que dejó sobre la mesa y Janice se acoraza en sus silencios y Janice emerge de su capullo rimbombante de misterio a gritos y Janice vive con otras dos muchachas y él vive con paredes blancas pero no acolchadas y Janice ve todo en cámara lenta y Janice ve todo a blanco y negro y Janice es simétrica como todo ese amor que él siente hacia Janice y Janice no se atreve a romper o desgajar o desmembrar o descuartizar y Janice se entrega a él como el sonido se entrega a la luz y Janice duerme soñando de vez en vez a él y él se muere de ganas de escuchar la voz de Janice invitándolo a ese recinto donde el refrigerador también lo quiere y Janice se queda muy calladita en el camión y a Janice le sudan las manos y él quiere beber, inyectarse, embotellar ese líquido y Janice se averguenza y Janice y él se besan en el mirador de su universidad y Janice sabe latín y si vis pacem para bellum y aures strepunt clamoribus ploriatum y él la desea a capita ad calcem y él la quiere a capita ad calcem y él la extraña a capita ad calcem cuando Janice regresa a esa capital del mundo donde se reencuentra con su presente que la hace correr o ducharse u ordenar y él quiere protegerla y Janice se niega y él se ríe de ese encuentro con panfletos y brackets y Janice hace como que no se acuerda y Janice prepara el café y a él siempre le gusta y Janice no dice muchas cosas y Janice no sabe lo que es el hedonismo y él interpreta cada palabra indecible, cada silencio ensordecido, cada frase críptica, cada Juanazo, cada Ivanazo y Janice tiene sus apuntes en orden y Janice durmió con él afuera de un teatro y él vomitó en una fiesta con el nombre de Janice en el paladar y Janice huele muy rico y Janice es muy limpia y Janice es todo lo que siempre quiso y él la quiere tanto que sonríe tanto que le duele la cara y Janice dice ''haz esa cara otra vez'' pero a él no le sale de nuevo y ambos ríen y ambos navegan en la densa y pastosa agua del colchón y de vez en vez se hunden para ahogarse en la noche y él solo quiere hacerla sentir bien y ella se entrega como el sonido a la luz y ambos se ríen y lo que ambos quieren es paz, ambos estarán en paz, ambos se desengañan del mundo mandándose al carajo cada hora, cada tres días, cada semana, cada medio mes hasta que el carajo sea un punto equidistante entre la muerte y la fuga (o huida) y ambos se entregan a los brazos del presente como dos siameses ausentes de ayeres y mañanas y ambos se besan y ambos se reciben a ellos mismos recibiendo al otro y ambos anestesian el dolor con diptongos hinchados de gritos y ambos se localizan entre escaleras y ventanales y ambos comen juntos comiéndose las ganas de comerse mutuamente y  ambos son un incendio que maravilla a dentistas y terapeutas y pintores homosexuales y ambos son un incendio que se funde en el mundo y ambos se quieren tanto que les da miedo decirlo en voz alta, no vaya a ser que el universo haga cortocircuito y ambos se quieren, ambos se quieren.



(y ambos amortiguan la vergüenza
elaborando planes de reencuentro
por cada vida pasada 
que se les viene a la mente)








18/10/10




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Hasta los insectos me coinciden cuando mis dedos
intentan formar ese bucle redondo y púrpura
que muchos llaman ocultarse de sí mismo.

Por la calle avanzan los féretros de alguna muerte que ya rechazo
y un perro de hermosos dientes amarra a todas las piedras
(cerca de ti todo es nuevo
es estar
en el centro del fuego)
El otoño ya va desalojando su escritorio,
cadena de sístolas que superfluan la calamidad de mi ropa
en la ducha me siento para que el agua me ablande las caricias
que se coagulan lentamente debajo de mis labios
y en mi piel de encanto tercermundista
se tatúa un frío que siempre me invita a cenar
en la luminosa casa de los pájaros.

Y si te hace estar menos triste
déjame contarte:
traje humo para esos lapsos de abandono
que cada quien se merece cada que muere un momento,
traje sangre dulce para los verdugos risueños
que se entrometen en el ritmo de tus decisiones,
traje un espejo que abre todas las puertas de tus ingenuas apuestas
para que las respuestas que se te esconden entre el cabello y la almohada
no te exploten esas jaquecas de niña cleptómana.

Algún día me voy a ir con el alma hecha música
hacia donde nada ni nadie podrá
ensuciar mi tristeza
con cachitos de realidad

(Cerca de ti todo es nuevo
es estar
en el centro del fuego)


1:40 P.M.




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Y Janice sobresale de entre los escalofríos
con una máscara de seriedad pétrea y porosa
que a él lo espanta tanto como la muerte
como la tormenta eléctrica que ambos
corpofacturaron
aquella noche de ridículo teatro.

11:59 P.M.

Égloga con luz y perfume.

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 2:00 p. m.

0

No por sostener éstos huesos de nube seré ingrávido al llorar

No por adormecerme al sentir un vacío me sentiré absorto de los errores

No por tatuarme su nombre en los labios lameré la miel del calendario

No por arrancarme la sangre de los ojos podré olerla a distancia

No por bailar en el fuego me ahogaré en sus silencios

No por creer en los elefantes sentiré un abrazo que nunca merecí

No por dárselo todo me arrugaré como tierra muerta

No por llorar con voz de animal me arroparé con la piel del sueño

No por acordarme del asfalto tendré el coraje de ladrarle en su ventana

No por sentirme reemplazado tendré en el alma un gafete de maquilador

No por aprovecharme de tu neura voy a quererte menos

No por escribir esto voy a hacer un té de vergüenza

No por imaginar tu rostro me jactaré de dominarme a mí mismo

No por besarte me reencontraré con tus brackets


16/10/10


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No por derrotar a la música me ahorraré los murmullos de tus suspiros

No por garabatearte pedazos de mundo desenredaré las abejas de tu nombre

No por desnudarte imitando al viento voy a surgir de la tierra riendo a ojos cerrados

No por quedarme callado me coseré la boca con saliva

No por coleccionar infartos me convertiré en el corsario de la muerte

No por creerme árbol reafirmaré el sol de tu presencia

No por guardarme las guadañas de la verdad voy a herir tu orgullo de  serpiente

No por casi llorar ante tu inmediatez mancharé de baba tu vestido de niña perfecta

6:38 P.M.


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No por ahorcarme en la rueda de la fortuna me enamoraré de un diablo 

No por ser la estrella de mi templanza la luna y el sol serán los enamorados

No por acudir al juicio de mi fuerza la muerte me dejará sin nombre

No por reír como ermitaño el mundo me echará de la casa Dios

No por mucho madrugar se te baja más temprano.

7:28 P.M.


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No por sostenerme el mundo voy a convertirme en eso que cuasi-esperas

No por amanecer hinchado de ti mi corazón dejará de matarme

No por verme en tu espejo se romperá el infierno del lenguaje

No por nunca dormir dejarás de ser mi peor pesadilla

No por no poder podré no dejar de dejar

10:04 P.M.

Jueves de hambre.

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 1:53 p. m.

0

Estornudé a la muerte
y más allá de la calle
un reloj me da la espalda
sabiéndose derrotado.


(Jamás dispondré del sol)






Tsup-háhr. 


14/10/10


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Un latigazo de sangre amuralla mi sonrisa
y la deformidad de la noche hace nudo al silencio
cuando te veo partir a ti
y a tu indiferente espalda.


9:12 P.M.


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Entonces la mano se hizo araña que se hizo sombra y recorrió todos los rincones de tu cuerpo para que esas monstruosas ganas de conocer el reino de los muertos se esfumaran por entre el cuenco diminuto entre uña y carne. Y es que cada que mi sobra te acaricia es como si tus ojos (infames) se comieran a todos los pasados del mundo. Te amaría. Té a maría. Te ama Ría. Toda ésta música se encierra en un enfermizo jajajá que me iracunda en proporciones púrpuras. Te río. Un río de eventualidades que nos juntaron en esa noche de lluvia calma que ya recuerdo como un suspiro que arranca pulmones y lágrimas. Te estiro. Me evades las rimas que se juntan para abrazarte en ese infarto que nos disloca a ambos. La gente ríe y se estira en el asfalto negro de esa mucha noche que nos juntó para minar las casualidades. Un anónimo tocó la puerta de Dios para darle un platón de deliciosísima gelatina de plátano.


10:06 P.M.


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Te disuelves.

Si así es el universo
ya no sentiré vértigo.

Rolo ut.


10:10 P.M.


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Que no te dejen mariposear la vida sin antes preguntar sobre alergias -y alegrias-.

10:21 P.M.

Mordiéndole el arcoíris a los dueños del silencio (Nada homogéneo vomitorium poético para leer mientras te desangras)

Posted by Jesús | Posted in | Posted on 1:00 a. m.

1

Tal vez nada
pueda compararse
a hacer el amor
en un lecho
de salsa de tomate,
si no es hacerlo en uno
de trozos menudos
de carne de res
recién sacrificada.
-  Emilio Westphalen







Dímelo a gritos en algún idioma que mi ombligo aún no descifre para irme reptando hasta tu lecho de palabras enmarañadas en arañas que riñen con el simulacro de lluvia que intentamos emular alzando nuestras manos como si creyéramos que un enorme y violeta relámpago nos partirá en dos dejando libre una ruidosa cascada de serpientes y escaleras (en la mitad de la noche).


Alalia  embotada, Galia de invalidez rota, 
glóriame en guisos bomba, en agua glíglica que goce
que gaide en grumos gleinidistántes al bromo
al amor
al gluxado grosor del gurroflonte
de polvo de gallina negra
de  berenjenas  gritonas que sudan sexo de limón de humo
de disciplinas embaucadas por el soberbio banco de los pormenores
de árboles endemoniados que acusan al lunar de tu labio con voz de muerte
de viento vendado por las manos de un perro con insomnio
de batallas en el plato del microondas
de sangre en el baño, sangre robada.


En tu demencia
encuentro el resultado
del mar y el sol.

                                          Ahí, en tu casa
                                          la luna me estremece
                                          brilla en tu cara.
                                                                                       
                                                                                 Depende de mí.
                                                                                Tu nombre se me muere,
                                                                                 y tu sonrisa.
      
                                                                                 Te esperé mucho
                                                                                  bajo el árbol del tiempo.
                                                                                  Un laberinto
                                              
                                        Tu octubre duele
                                        Tú no amas al desierto.
                                        Acordándome...

Píntate de yo
tu ''eres'' no fue el de hoy, no.
Él palidece.  









Construiré un futuro hinchado de duda para que siempre tu misericordia
se resbale y reafirme el ritmo de tantas tumbas que debieron haber sido
talladas desde hace meses, años, siglos, días, horas, muertes,
muertes en la mitad de tu sala donde los nombres se confunden
en un error tan vergonzoso
que hasta a la noche le dio sueño
hasta el cansancio atinó el momento de bostezar
para luego emborracharme en una manía de asesino
yo solo quería besarte
y sentir la falsa curiosidad de tu lengua.









Jamás   encontraré 
en otro cuerpo terrestre
sal tan infinita
sombras tan animales
imágenes de noche  que resuelven  parpadeos
cínicos tripulantes del barco del deseo
asoman sus ojos de madera para astillarme de culpa.

Ándame en demasía con sosiego.
Guárdame sin más reproche que ira.
Ulúlame desde tu garganta más triste
Implántame con el sinfin de tu sino.
Róeme la médula del pensamiento.
Ríeme en la distrofia de mi niñez.
Espérame en el aeropuerto.






¿Cuándo volverá a pasar?







Yo no hago música.
Yo le hago las alas.

Te beso y así se arregla todo
por eso 
de vez en vez
lo descompongo.






13/10/10 








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(Yo te juro y te prometo
como siempre te he querido
que si tu amor es completo
cúmpleme lo prometido
yo no quiero que otro prieto
quiera lo que yo he querido) 

2:05 P.M.